La precursora de las universidades, la escuela médica laica de Salerno, ciudad hipocrática que une, según la leyenda, los saberes médicos de las tres culturas, los árabes, los judíos y los cristianos, del siglo XII, hace una clara referencia en sus textos a la práctica alquímica de la destilación del alcohol, que fue utilizada por los árabes, cuya medicina ingresa a Europa a través de la Escuela de Salerno.
En el pórtico se representa la alquimia, como una mujer sentada que porta un báculo, señal de poder; en su mano derecha tiene dos libros, uno abierto, otro cerrado, que refieren al esoterismo de la mayoría y de los iniciados; la escalera representa el ascenso en el conocimiento del alquimista.
Se destaca en la producción sobre el tema la obra Alchymia (1597), que fue escrita por Andreas Livabius, autor que intenta despojar a la alquimia de los elementos místicos, esotéricos y religiosos que la acompañaba y la define como el "arte de preparar magisterios y esencias puras a partir de las mezclas", siendo la destilación una de sus mejores herramientas para obtener la quintaesencia.
El conocido interés del rey de España, Felipe II, hacia la alquimia, sumado a la postura ambigua que tuvieron los inquisidores renacentistas hacia el polémico tema, hizo que la Inquisición española, que fue tan enérgica en la persecución de las herejías, la idolatrías y el protestantismo, se preocupara poco de los alquimistas al principio. La obra del médico alquimista Paracelso será incluida entre los libros prohibidos de la Inquisición en el índice del año 1612, que incluye casi todas sus obras.
El suizo Aurelius Philippus Teofrastus Bombast von Hohenheim (1493-1541), conocido como Paracelso (1493-1541), con la sal, el azufre y el mercurio y no los clásicos cuatro elementos griegos, en el Renacimiento, fue un célebre médico y practicante de la alquimia, cuyo espíritu libre y constestatario le confirió el apodo de Ell Lutero de la Medicina. Paracelso andaba armado; promulgar el retorno a la naturaleza; el impulso de la quema de los libros de Galeno y Avicena en la plaza pública, su defensa de la experimentación, sus largos peregrinajes por Europa, el empeñarse en escribir en su idioma, sus polémicas declaraciones y su talento práctico, encarnaron la tradición alquímica europea y marcaron el nacimiento de la iatroquímica, la alquímica médica, que compitió con la iatrofísica inspirada en la obra de Descartes.
Las investigaciones recientes, sobre los cuadernos de laboratorio y la lectura de las notas que dejaron los alquimistas, muestran un trabajo que es bastante complejo, sistemático y escrupuloso, donde se usan unos procedimientos accesibles y replicables, en una continua repetición de las operaciones experimentales en el laboratorio alquímico y la elaboración de unas conclusiones.
Química y alquimia están juntas en el precursor laboratorio del alquimista, a donde llegan la botica y la farmacia para obtener sus medicamentos; la minería y la metalurgia para extraer minerales y metales, los pintores que van por los pigmentos, los tintes y los colorantes que utilizan los textileros, así como los fabricantes de esencias y de perfumes y, también, los destiladores de licores, sin olvidar a los buscadores de un elíxir para prolongar la vida.
Hoy vemos la alquimia en relación con la química desde sus aspectos positivos, que están relacionados con el trabajo experimental en el laboratorio utilizando sustancias químicas, dispositivos y aparatos diversos, metodologías de ensayo sobre los materiales, procedimientos para aislar los elementos simples, como una especie de protoquímica experimental.
Científicos europeos muy notables, como el físico, matemático y alquimista inglés Isaac Newton y el físico, químico, alquimista y teólogo británico Robert Boyle, la practicaron, pero no solo ellos. Eminentes alquimistas destacados en el mundo occidental; se pueden mencionar al filósofo y científico escolástico inglés Roger Bacon; al teólogo, jurista y filósofo dominico italiano santo Tomás de Aquino; el también filósofo, polímata, padre de la Iglesia y alquímico san Alberto Magno; al astrónomo danés Tycho Brahe; al polímata y escritor inglés Thomas Browne, que tanto le gustaba a Jorge Luis Borges; al filósofo mallorquín Ramon Llull; y al pintor y grabador italiano, conocido con el pseudónimo de El Parmigianino, entre otros.
En el siglo XVIII, ante la rigurosa aplicación del método científico que se impone y la revolución química producida por los trabajos del francés Antoine Lavoisier (1743-1794) y del británico John Dalton (1766-1844), comenzó a segregarse definitivamente la alquimia de la química experimetal, aunque siguen por un tiempo solapándose y, poco a poco, la alquimia se desvanece mientras la química se concreta, al adquirir la categoría de ciencia, como la física.
Abel Fernando Martínez Martín
Doctor en Medicina y Cirugía, magíster y doctor en Historia.
Grupo de investigación Historia de la Salud en Boyacá- Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC).