Girolamo Fabrizi d'Acquapendente y las válvulas venosas

Abel Fernando Martínez Martín | 10/05/2025 - 19:56 | Compartir:

Es notable la importancia que tuvo la Universidad de Padua, creada en el siglo XIII, en la construcción del pensamiento médico y científico de la modernidad, al ser el escenario donde ejercieron y se formaron mentes brillantes de la medicina y de la ciencia, entre ellos, Vesalio (1514-1564), creador de la anatomía moderna; Juan Bautista Morgagni (1682-1771), creador de la anatomía patológica; William Harvey con la circulación sanguínea; Girolamo Fracastoro (1478–1553), el médico renacentista que crea el concepto de contagio; Santorio Santorio (1561–1636), creador de la Iatrofísica; y Bernardino Ramazzini (1633-1714), el padre de la salud ocupacional, entre otros. En la ciencia, en Padua se destacan personalidades como Nicolás Copérnico (1473-1543), con su teoría heliocéntrica, y Galileo Galilei (1564-1642) con el método científico escrito en lenguaje matemático. 

Girolamo Fabrizi d'Acquapendente y las válvulas venosas
Abajo: Girolamo Fabrizi d'Acquapendente (1537-1619), óleo que se haya en el Museo de la Ciudad de Aquapendente, del médico cirujano, embriólogo y anatomista italiano que fue maestro de William Harvey, que fue discípulo y sucesor en la cátedra de Vesalio y, también, amigo y discípulo del anatomista Fallopio, en la Universidad de Padua y, además, amigo y médico de Galileo Galilei. Su nombre latinizado es Hieronymus Fabricius. 
Describió por primera vez las válvulas venosas y publicó su libro tardío De venarum ostiolis, en 1603. Aburrido de dictar las clases al aire libre, pues sufría de una laringitis crónica, construyó y financió con sus propios recursos, en 1584, en el ‘Palacio del Bo’, el famoso Teatro Anatomico de la Universidad de Padua (arriba), que inauguró y hoy se conserva en la bella ciudad de Padua, en Italia.

Trataremos en esta cátedra de un médico que fue maestro de William Harvey, que fue además discípulo, sucesor en la cátedra de Vesalio y amigo del anatomista italiano Gabriel Fallopio (1523-1562), en la Universidad de Padua y, amigo también, además de médico, de Galileo Galilei, se trata de Girolamo Fabrizi d'Acquapendente (1537-1619), cuyo nombre latinizado fue Hieronymus Fabricius, un conocido médico cirujano y anatomista italiano, que describió, por primera vez, las válvulas venosas en 1603. 

Girolamo Fabrizi, que era natural de Aquapendente, pequeña población del centro de Italia, cerca de Orvieto, se graduó como doctor en Medicina y Cirugía en la Universidad de Padua, a los 22 años, en 1559. En su alma mater, sustituyó en la cátedra anatómica a su maestro Gabrielle Falloppio en 1562 y asumió también la cátedra de Cirugía, a los 28 años, en 1565. Fabrizi d'Acquapendente además, aburrido de dictar clase al aire libre, construyó y financió con sus recursos, en 1584, dentro del ‘Palacio del Bo’, el famoso Teatro Anatomico de la Universidad de Padua, que él mismo inauguró y que todavía existe. Fabrizi d´Aquapendente realizó contribuciones originales en diversos campos de la medicina, como la anatomia humana y la anatomia comparada, la embriología y la cirugia, diseñando instrumetos para la curigía bucal.

Las válvulas venosas proporcionaron a William Harvey la clave para descubrir la circulación sanguínea. Fabrizi colocó la función de las válvulas dentro de la fisiología galénica dominante. La anatomía se moderniza antes que la fisiología. Fabrizi d'Acquapendente afirmó que las válvulas habían sido diseñadas para que la naturaleza evitara que las extremidades fueran invadidas por la sangre, pero su descubrimiento de las pequeñas válvulas en las venas de las extremidades, que analizó desde la embriología, la anatomia humana y la anatomía comparada, fue la semilla para el hundimiento de la fisiología galénica en manos de su más famoso discípulo en Padua, el inglés William Harvey.

A su tratado sobre las válvulas venosas De venarum ostiolis, que fue publicado en Padua en 1603 y consta de 23 folios y 8 ilustraciones, le sucedió los mismo que a Motu Cordis, fue publicado muchos años después de su descubrimiento. En 1574, 29 años antes, escribía el anatomista italiano: “He encontrado pequeñas puertas (ostiolae) que he llamado válvulas pequeñas […] membranas alojadas en las paredes iteriores de las venas […] creo que la naturaleza las ha creado con el fin de retardar la circulación de la sangre. Impiden que el flujo sanguíneo corra como un torrente por manos, pies, etc”. La observación clínica de las varices parece haber reforzado esta falsa concepción.

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Abel Fernando Martínez Martín

Doctor en Medicina y Cirugía, magíster y doctor en Historia.
Grupo de investigación Historia de la Salud en Boyacá- Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC).

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