Durante mucho tiempo se pensó que los terribles dolores y la aparición de la caries en muelas y dientes eran causados por un gusano que, perforándolos, entraba en su interior y, poco a poco, lo devoraba, ya que los agujeros producidos por las caries eran similares a los producidos por los gusanos en la madera o en las frutas.
Museo Deutsches Medizinhistorisches, Ingoldstad, Alemania.
La leyenda del temido gusano se remonta a la antigua Mesopotamia, tras encontrarse una tablilla cuneiforme que relata la existencia de un gusano, en su mitología creado por los pantanos, que bebe sangre, se come las raíces de los dientes y causa problemas en las encías. Esto dice la tablilla sumeria denominada Oración del gusano:
"El gusano fue, llorando, ante Shamash (Dios del Sol), / sus lágrimas fluyendo ante Ea (Dios sumerio del agua y la sabiduría): / ¿Qué me darás como alimento? / ¿Qué me darás para succionar? /[…] / ¿De qué me servirían, el higo maduro y el albaricoque? / ¡Levántame y entre los dientes / y las encías hazme morar! / ¡La sangre del diente sorberé, / y de la encía roeré sus raíces!".
La tablilla completa se leía tres veces por parte del médico mesopotámico, tras aplicarle al adolorido paciente un emplasto calmante sobre el diente o la muela afectados.
Otros investigadores citan al antiguo Egipto como la fuente de la leyenda. El papiro Anastasio del Imperio Nuevo (1550–1070 a.C.), refiriéndose a un escriba egipcio, dice: "el quinto gusano pica su diente".
La creencia del gusano barrenador de dientes se extendió por el planeta, a las antiguas civilizaciones de la China y de la India; a la América precolombina, donde la curación del dolor de muelas y la extracción del gusano causante, es un padecimiento que registran fuentes coloniales indígenas y españolas, tanto las mayas, se referencia en el Popol Vuh, como las nahuas; y también en la antigua Europa, presentándose en el Imperio Romano y durante la Edad Media, ligado a los dantescos tormentos del averno.
Escribonio Largo, médico de cámara del emperador romano Claudio, escribió en el primer siglo de nuestra era, en su libro De Compositione Medicamentorum, varios paliativos para luchar contra el gusano de las muelas, que se usaban en la antigüedad, con base en fumigaciones, enjuagues y aplicación local de empastes para aliviar el dolor de muelas de sus pacientes.
Recomendaba el médico humanista romano: masticar el beleño negro (Hyoscyamus niger), una planta solanácea venenosa por su contenido de alcaloides, entre ellos la escopolamina y la atropina, que los romanos llamaban herba dentaria, en el Tirol y, en Carintia, hierba Apolonia, por santa Apolonia, patrona de los odontólogos, porque en el cristiano tormento le arrancaron los dientes con una tenaza. Escribonio recomendaba distribuir las semillas de beleño negro sobre el carbón, permitir que el humo llegara al diente o muela afectado y enjuagar posteriormente la zona afectada con agua tibia para sacar así el gusano que, a veces, podía verse.
En la Edad Media mencionan al gusano taladrador de dientes y muelas los árabes Rhazes y, luego, Avicena en su Canon y, también, la abadesa Hildegarda de Bingen en su obra Causae et curae, que atribuye la caries dental al gusano. El Libro de medicina de Utrecht, del siglo XIV, recomienda como tratamiento para el gusano las abluciones con agua de rosas. En el Renacimiento, Nicoló Nicoli Falcucci, florentino, a finales del siglo XIV, atribuye la causa de la caries a los gusanos, a los que concibe como parásitos y Paracelso cree que el gusano vive en el diente o muela afectado y muere al entrar en contacto con el aire.
En plena Ilustración, el médico experimental suizo Albrecht von Haller todavía habla del gusano de las muelas en 1750, en su obra Onomatología médica. Las cosas empiezan a cambiar con Pierre Fauchard (1678–1761), un médico francés a quien se le conoce como el "padre de la odontología moderna", muy conocido tras publicar su libro El dentista cirujano, en 1728.
Pierre Fauchard inventó un empaste dental como un tratamiento para la caries y, utilizando la química y el microscopio, sostenía que los ácidos derivados del azúcar, como el tartárico, eran los verdaderos responsables de las caries dental, cuestionando la existencia del legendario gusano de la muelas, que, resiliente, siguió viviendo por el ancho mundo hasta los inicios del siglo XX.
Abel Fernando Martínez Martín
Doctor en Medicina y Cirugía, magíster y doctor en Historia.
Grupo de investigación Historia de la Salud en Boyacá- Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC).