El primer instituto nacional de educación superior al que tuvieron acceso las mujeres japonesas aparece en la capital imperial, Tokio, a finales del siglo XIX, en el año 1875, con el nombre de Escuela Femenina de Tokio, una escuela normal de mujeres de Tokio, que se convirtió posteriormente en la actual Universidad de Ochanomizu, que en aquella época tenía una academia médica de carácter privado, con un cuerpo estudiantil compuesto exclusivamente por hombres.
Su cuerpo está enterrado en el cementerio Zoshigaya de Tokio (fotografía abajo), donde está el monumento funerario erigido en honor de la primera mujer médica y la primera obstetra y ginecóloga del Japón.
Ginko Ogino (1851-1913), quien fue la menor de ocho hermanos, nació en la antigua provincia de Musashi, actual ciudad de Kumagaya, en un territorio que hoy haría parte de la populosa metrópolis de Tokio, donde se graduó en la antes mencionada entidad educativa japonesa, a pesar de todos los prejuicios que tuvo que afrontar y de las muchas dificultades que tuvo que sortear en su vida para poder convertirse en la primera mujer licenciada en medicina occidental en el Japón, en 1882, a los 31 años, 37 años después de que lo hiciera Elizabeth Blackwell, quien recibió el título de médica en los Estados Unidos.
Después de numerosas peticiones, finalmente, Ginko Ogino logra examinarse, tres años más tarde, en 1885, obteniendo la máxima calificación en las pruebas, requisito indispensable para poder ejercer la profesión médica libremente en el Japón imperial, que cumplió a satisfacción la médica Ginko Ogino.
Ginko Ogino decidió especializarse en obstetricia y ginecología, para poder así ayudar a otras mujeres, porque Ginko Ogino se había casado en 1867, a los dieciséis años, en un matrimonio concertado con el hijo de director del banco de Ashikaga, Kanichiro Inamura, pero pronto Ginko se divorció, después de que el hijo del banquero le transmitiera una gonorrea.
El divorcio, decidido por Ginko Ogino, tuvo un gran impacto en su vida, ya que su familia, a cuya casa tuvo que regresar, se avergonzaba de tener una hija divorciada y, encima, que padecía de una infección de transmisión sexual, una enfermedad vergonzante como la gonorrea.
Después de tener que pasar más vergüenzas al tener que ser atendida por médicos hombres a causa de padecer una enfermedad venérea, que era considerada vergonzante, decidió estudiar medicina y convertirse en médica, para así poder ayudar a las mujeres en circunstancias similares a las que tuvo que afrontar en su juventud, especializándose posteriormente en obstetricia y ginecología, como lo había planeado, en Tokio, el mismo año que se registra en Japón como la primera mujer médica especialista en Obstetricia y Ginecología. Ginko abrió el Hospital Ogino en Yushima dedicado a la ginecología y la obstetricia y también trabajó como miembro médico de la escuela de niñas de la Universidad Meiji Gakuin.
Ginko Ogino se convirtió al cristianismo y se casó por segunda vez, a los 39 años, en 1890, en esta ocasión con un clérigo protestante, quien era además un visionario utópico, Yukiyoshi Shikata, y fue con él a la ciudad de Hokkaidō en 1894, donde abrió una clínica médica. Después de que su esposo muriera, Ginko regresó a Tokio y, en 1908, volvió a dirigir un hospital. También fue muy activa en la asociación Woman's Christian Temperance Union (WCTU).
Ginko Ogino, a la que llamaban Gin, diminutivo asociado a nombres cortos que se le ponían a las mujeres, se agregó un nuevo caracter japonés para convertir su nombre en Ginko y así fijar con su nombre su posición feminista. La doctora Ginko Ogino murió a causa de la aterosclerosis a los 62 años, en 1913.
La doctora Ginko Ogino, fue enterrada en el cementerio Zoshigaya en Tokio, donde se erigió un impresionante monumento funerario en su honor.
Abel Fernando Martínez Martín
Doctor en Medicina y Cirugía, magíster y doctor en Historia.
Grupo de investigación Historia de la Salud en Boyacá- Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC).