Nos hemos convertido en una verdadera plaga

Abel Fernando Martínez Martín | 26/07/2025 - 18:07 | Compartir:

Mucho tiempo debió transcurrir para que el hombre y la mujer primitivos descubrieran la relación existente entre la sexualidad y la procreación; sin embargo, podríamos afirmar con seguridad que, desde sus comienzos como especie, el autodenominado en el siglo XVIII Homo Sapiens sapiens quedó conmocionado, maravillado, ante la capacidad procreativa, ante la asombrosa aparición de una nueva vida, ante la capacidad de la vida de reproducirse, de perpetuarse, de recrearse, de autogenerarse. 

Nos hemos convertido en una verdadera plaga
Thomas Robert Malthus (1766-1834), óleo del demógrafo y pastor anglicano inglés, de John Linnell.
Malthus escribió Ensayo sobre el Principio de la Población (1798), donde establece una relación dispar entre el crecimiento de la población humana y la producción de los recursos necesarios para sostenerla, porque el crecimiento de la población seguía progresiones geométricas y los alimentos crecían en progresión matemática, lo que llevaría a la extinción de la especie humana, a finales del siglo XIX.

El nacimiento de una nueva vida es, a su vez, el comienzo de mitos y cosmogonías, desde sus orígenes está vinculado al género femenino, está representado en las llamadas diosas de la fertilidad, las venus paleolíticas de redondeadas formas, grandes senos, amplias caderas y abultados vientres. La humana capacidad procreativa es asociada en las culturas primitivas con los ritos que propician la fertilidad de la tierra. Semen, es semilla.

Para poder llegar a los 1.000 millones de habitantes sobre la superficie del planeta Tierra, la especie humana, siguiendo obedientemente el imperativo precepto bíblico del Génesis de "creced y multiplicaos", necesitó que trascurrieran miles y miles de años, desde sus prehistóricos orígenes, obteniéndose esta cifra a principios del siglo XIX, exactamente, se calcula, en el año 1804.

Fue en el siglo XIX, en Occidente, cuando se empezaron a preguntar si no habría demasiada gente sobre la faz de la Tierra, era el tiempo en que Thomas Robert Malthus (1766-1834), un pastor de la Iglesia Anglicana, londinense, publicaba, anónimamente, la primera edición de su polémico Ensayo sobre el Principio de la Población (1798), en Londres, donde el reverendo profetizaba que, cuando la población no era detenida por ningún obstáculo, como son las guerras, los desastres naturales o las epidemias, esta crecerá en progresión geométrica, mientras que los alimentos, para mantenerla, en el mejor de los casos crecerán pero en proporción aritmética. Establece una relación dispar entre el crecimiento de la población humana y la generación de los recursos necesarios para sostenerla, lo cual llevaría al fin de la civilización y la extinción de la especie humana a finales del siglo XIX.

Sin embargo, Tomas Malthus, uno de los primeros teóricos de la población, quien sirvió de inspiración a las teorías evolucionistas de Darwin y a las económicas de Ricardo, nunca le hizo propaganda a ningún método anticonceptivo, el pastor anglicano aconsejaba retardar el matrimonio lo más posible y ejercitar la continencia voluntaria, para solucionar la superpoblación de seres humanos. 

Ni el reverendo Malthus, quien paradójicamente nació en el día de los Novios, se imaginó que en solo 75 años la población se duplicaría alcanzando los 2.000 millones en 1925, ya en el siglo XX, para llegar, en 1960, a los 3.000 millones de habitantes. La población mundial, en 1975, superaba los 4.000 millones y 30 años después, en el 2005, llegaba a los 6.500 millones. A mediados de este año de poca gracia de 2025, se calcula que los seres humanos somos 8.231 millones. La Organización de las Naciones Unidas proyecta que la Tierra alcanzará los 10 mil millones de seres humanos en el año 2056 y que 7 miles de millones de estos vivirán en superpobladas áreas urbanas.

En 1951, el Consejo de Gobierno de la Asociación Americana de Salud Pública advertía que el ritmo de incremento de la población mundial se convertía, a mitad del siglo XX, en una "amenaza para la salud y el bienestar de millones de individuos". En fin, parafraseando la famosa sentencia, podemos concluir esta cátedra afirmando que los hombres y las mujeres, procreadores de vida y de cultura, nacen, crecen, se reproducen como conejos para convertirse en una verdadera plaga, que antes de matarse o morirse, parece empeñarse en acelerar su propia extinción.

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Abel Fernando Martínez Martín

Doctor en Medicina y Cirugía, magíster y doctor en Historia.
Grupo de investigación Historia de la Salud en Boyacá- Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC).

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