La Salud Humana víctima de la industrialización del asbesto

Abel Fernando Martínez Martín | 04/11/2019 - 17:52 | Compartir:

Tan claros están los perjuicios a la salud humana a causa de este mineral industrializado que la definición del Diccionario  de la RAE, sobre el asbesto es: “Mineral de composición y caracteres semejantes a los del amianto, pero de fibras duras y rígidas, parecidas al cristal hilado, y de efectos nocivos para la salud.” La definición de amianto es parecida, ambas insisten en que el mineral además de ser fibroso e incombustible, por definición, es nocivo para la salud humana. La masificación industrial del uso del asbesto en el siglo XX vino acompañado de un aumento de las enfermedades pulmonares.

La Salud Humana víctima de la industrialización del asbesto
Al derrumbarse las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, una enorme nube de escombros se esparció en el aire liberando 40 toneladas de asbesto, que causaron un grave problema de salud pública. 410.000 personas estuvieron expuestas.

En 1924, el doctor William Cooke reportó el primer caso de fibrosis pulmonar en una revista médica británica, tras realizar una autopsia a Nellie Kershaw, una mujer de 33 años quien había trabajado durante 17 en una fábrica de textiles elaborados con fibras de asbesto. Al final de la década de los 20, Edward Merewether, inspector médico británico, realiza una encuesta entre los trabajadores de fábricas que usaban asbesto en Glasgow. Concluyó que el polvo del asbesto constituía un elevado riesgo para la salud. La encuesta, publicada en 1930, llevó al gobierno británico a tomar las primeras medidas de regulación y control del uso del asbesto en las fábricas. En 1935, Lynch y Smith reafirmaron en Estados Unidos la relación entre la exposición al asbesto y el desarrollo de enfermedades como la asbestosis y el cáncer del pulmón.

El cáncer de pulmón relacionado con el asbesto se observó con mayor frecuencia entre 1930 y 1950 en las minas y fábricas que producían y procesaban asbestos azul, marrón y blanco. En la primera mitad del siglo XX, el asbesto ya era un mineral de uso controvertido a causa de su asociación con la asbestosis y el cáncer de pulmón. En la década de los 60 se identificó otro cáncer relacionado con el asbesto: el mesotelioma pleural. A principios de los 70, bajo los auspicios de la OMS, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) comenzaba a evaluar el riesgo de cáncer para los seres humanos, planteado por los productos químicos y luego por el asbesto. Grupos de trabajo independientes de la IARC concluyeron en 1976 que todas las formas de asbesto causaban cáncer de pulmón y mesotelioma, y que era imposible definir un umbral seguro. Estudios de la OMS concluyeron que la exposición a las fibras de asbesto implicaba riesgo para los seres humanos de contraer enfermedades pulmonares como el cáncer de pulmón, el mesotelioma y la asbestosis y la Organización Internacional del Trabajo, se preocupó por las medidas de seguridad de los trabajadores en las fábricas que utilizaban el asbesto. En 1980, la OIT incluyó el cáncer de pulmón y el mesotelioma en la lista de enfermedades profesionales.

Finalizando el siglo XX, en 1999 la Unión Europea prohibió el uso de todos los tipos de asbesto en los países miembros estableciendo como fecha límite el 1 de enero de 2005.  El asbesto se convirtió en el más controvertido y temido mineral industrial. Se comenzaron a tomar las primeras medidas de los países frente al uso y comercialización del asbesto para contrarrestar los problemas de salud pública generados por la exposición a esta fibra mineral de uso industrial en la década de los ochenta del siglo XX. En 1984, Israel se convirtió en el primer país en prohibir totalmente el uso del amianto en su territorio. En Europa los primeros fueron los escandinavos en los 80 del siglo XX.

Cuando las Torres Gemelas se derrumbaron el 11 de septiembre de 2001, una enorme nube de humo, polvo y escombros procedentes de los 20 pisos que tenía cada torre, inauguradas en 1973, el año de mayor consumo de asbesto en EE. UU. El ataque a las torres liberó fibras de amianto que se calculan en 40 toneladas, además de otras sustancias tóxicas que se esparcieron en el aire, causando un grave problema de salud pública. Unas 410.000 personas estuvieron expuestas a una serie de varias toxinas, incluido por supuesto el asbesto, durante los esfuerzos de rescate, recuperación y limpieza que siguieron al atentado contra las Torres Gemelas. Las personas más afectadas por el asbesto en la llamada Zona Cero fueron las asignadas al rescate de los sobrevivientes. 

La OMS se sigue manifestando en el siglo XXI, sobre los riesgos asociados al uso del asbesto. En 2004, el cáncer de pulmón relacionado con el amianto, el mesotelioma y la asbestosis causados por exposiciones laborales dieron lugar a 107.000 muertes en el mundo. En 2006, pidió a todos los estados miembros tomar medidas ante los cánceres producidos por exposiciones evitables, como el mesotelioma o el cáncer de pulmón producidos por la inhalación de las fibras de los asbestos. En 2007, la OMS invita a promover campañas para eliminar enfermedades relacionadas con el asbesto y, en 2013, propuso un plan de acción mundial para la prevención y el control de enfermedades no transmisibles, incluidas las causadas por el asbesto. Canadá, viejo productor mundial, cerró en 2012 su último sitio de explotación, la mina de Jeffrey, ubicada en una ciudad cuyo nombre no puede ser más claro: Asbestos, en Quebec. En 2017 y 2018 en los tribunales de EE. UU. fue condenada la multinacional Johnson & Johnson a pagar más de 5.000 millones de dólares por no advertir el riesgo de cáncer vinculado al uso de sus talcos. La multinacional sabía desde hacía décadas, que sus talcos en polvo, para niños y adultos, contenían el cancerígeno asbesto. Según cálculos de la OMS, 125 millones de personas en el mundo siguen hoy expuestas a los asbestos en sus lugares de trabajo.

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Abel Fernando Martínez Martín
MD, Mgs y Doctor en Historia. Profesor asociado de la Escuela de Medicina de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC) y director del Grupo de investigación 'Historia de la Salud en Boyacá' de la UPTC.