El investigador norteamericano Thomas Hunt Morgan (1866-1945), genetista, que en un principio no era mendeliano, no podía explicar cómo los cromosomas pasaban de generación en generación intactos, sin que todas las características se heredaran juntas y se evitara, de esta manera, la variación. Morgan, en 1910, resolvió llevar a cabo varios experimentos genéticos con su grupo de laboratorio de la Universidad de Columbia en Nueva York, Estados Unidos, donde se desempeñaba como catedrático de zoología experimental.
Morgan decide trabajar en su laboratorio con un pequeño insecto, la conocida como mosca de la fruta o mosca del vinagre, que se alimenta de frutas en descomposición, cuyo nombre científico es Drosophila Melanogaster (amante del rocío de vientre negro), una pequeña, revoltosa y golosa mosca, que Morgan y sus alumnos cultivaron diecisiete años y convirtieron en organismo modelo en la investigación genética.
En resumen, los genetistas norteamericanos pusieron a las moscas a trabajar para la ciencia. Drosophila Melanogaster es originaria del África ecuatorial, de donde emigró dispersándose por casi todo el planeta, igual que lo hizo el Homo sapiens, convirtiéndose en un comensal de nuestra especie en diversos rincones del mundo. La mosca se ha adaptado a la vida humana, convirtiéndose en un integrante de nuestras sociedades, dependiente de las fuentes antropogénicas del alimento.
Esta investigación de T. H. Morgan resultó un gran aporte a la genética, sumó evidencia a favor de la teoría cromosómica de la herencia, reveló sus mecanismos, determinó la herencia ligada al sexo y dio explicaciones a la variación, a las mutaciones, a la teoría mendeliana y a la evolución. Esto llevó a que el genetista Thomas Hunt Morgan fuera galardonado con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en el año 1933. Según su sucesor, el también genetista y zoólogo norteamericano James D. Watson (1928-2025), el trabajo pionero de Thomas Hunt Morgan se convirtió en “la base de toda la cartografía genética”.
Los historiadores de la ciencia afirman que lo que el siglo XX conoció sobre los fenómenos genéticos se descubrió gracias al uso de la Drosophila Melanogaster como organismo experimental. Su genoma completo secuenciado mostró que el ser humano comparte con la pequeña mosca el 60% de los genes, lo que aumentó su utilización en los laboratorios de investigación genética.
La Drosophila Melanogaster poseía características que hicieron el trabajo de laboratorio sumamente efectivo: eran fáciles de encontrar poniendo una fruta a madurar unos días en cualquier parte del mundo. Las pequeñas Drosophila, atraídas por las levaduras que recubren la cáscara de la fruta, no tardan en llegar; eran animales económicos al alimentarlos con la misma fruta; ocupaban poco espacio físico, pues cientos cabían en una botella de leche (cuando la leche venía en botellas de vidrio) y se reproducían, es decir, reproducían sus genes, a un ritmo exorbitante, pues la hembra pone cientos de huevos de los que rápidamente salen cientos de crías.
La Drosophila Melanogaster tiene un periodo reproductivo corto, una generación completa tarda diez a quince días en lograrse en el laboratorio. En resumen, son baratas, fáciles de conseguir, fáciles de mantener, no necesitan de grandes tecnologías ni de trámites burocráticos, no tienen derechos animales y se reproducen muchísimo más y más rápido que los conejos.
El discípulo de Thomas Hunt Morgan, el también biólogo y genetista norteamericano y también Premio Nobel de Fisiología y Medicina del año 1946, Hermann Joseph Muller (1890-1967), quien realizó con la misma Drosophila Melanogaster, decisivas investigaciones sobre la acción de las radiaciones (Rayos X de reducida longitud de onda para alterar un solo gen) como productores de mutaciones en las células de la mosca de la fruta, mutaciones que confirmaban las leyes formuladas por el monje agustino Gregorg Mendel.
Abel Fernando Martínez Martín
Doctor en Medicina y Cirugía, magíster y doctor en Historia.
Grupo de investigación Historia de la Salud en Boyacá- Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC).