El Real Monasterio de Santa María de Guadalupe en la provincia de Cáceres, en Extremadura, es Patrimonio de la Humanidad desde 1993. Arquitectónicamente es una evidencia del paso del tiempo, que se refleja en sus variopintos estilos que van del gótico, mudéjar, renacentista, barroco y neoclásico, conjunto que está dedicado a la Virgen de Guadalupe, a quien custodia. Se trata de una escultura románica tallada en madera de cedro del siglo XII, que fue hallada por un pastor que buscaba una vaca perdida, apareciéndosele la virgen en la orilla del río Guadalupe, donde construyeron primero una ermita y luego el Real Monasterio, en honor a la aparición de la Virgen, que fue, desde el siglo XIII, un importante centro de peregrinación.
Alrededor de la Virgen los Jerónimos fundaron su convento, en el siglo XIV, que fue creciendo al tiempo que desarrolló talleres, biblioteca, una impresionante colección de arte, hospederías para peregrinos, hospitales para atender a los que estuviesen enfermos. Se creó un hospital general para hombres, el de San Juan Bautista, con una parte dedicada a atender a los sifilíticos, a partir del siglo XVI, con mercuriales, que luego se independizó como Hospital de la Pasión o de las Bubas; otro hospital para mujeres, los dos en edificaciones situadas enfrente del Monasterio; y, otro, el destinado a atender a los monjes, dentro del Monasterio, llamado la Enfermería, con la botica.
El Monasterio además posee un huerto que terminó en un jardín botánico renacentista, para proveer de medicamentos a la botica, que no solo era depósito de medicamentos sino una importante fábrica de ellos, por la riqueza en plantas medicinales de la biodiversa región: "Hay en esta enfermería, por la parte que cae a los huertos, una célebre y famosa botica; tan grande, tan limpia y bien acabada, tan abundante de medicinas y muchedumbre de vasos, que no creo tiene semejante oficina toda España".
La escuela médica y de cirugía del Real Monasterio de Guadalupe fue famosa por realizar autopsias, en su instrumental abundaban los trépanos, y por ser un importante centro de formación de médicos, de cirujanos y de boticarios a finales de la Edad Media y en el Renacimiento, cuando gozó de fama y notoriedad.
Los jerónimos del Real Monasterio estaban dedicados a la atención de los enfermos: peregrinos, los habitantes de la comarca y los propios monjes del Monasterio, en su enfermería en el claustro gótico. Ante la prohibición a los monjes de ejercer la medicina o la cirugía, pero sí la farmacia, dirigen, en 1442, una súplica al papa Eugenio IV, le presentan la situación de los enfermos de Guadalupe, sin médicos seglares en un radio de veinte leguas, con la presencia en el monasterio de frailes que habían adquirido saberes médicos y quirúrgicos antes de la profesión de Fe, que podían atender a los enfermos si el Papa daba la dispensa, lo que hizo, dando la autorización para estudiar y ejercer la medicina y la cirugía de forma gratuita a aquellos monjes no ordenados que tuvieran conocimientos antes de haber ingresado en la Orden Jerónima.
En 1451, Nicolás V suprime la condición de haber realizado estudios médicos antes de entrar en la Orden, lo que abre las puertas a los Jerónimos, que tienen libros de la Escuela de Salerno, del cirujano francés Guy de Chauliac, del médico jedeoespañol López de Villalobos y de los árabes Rhazes, Avicena, Avenzoar y Averroes, y abundante material quirúrgico, en el primer sitio de España en que practicaron autopsias docentes, que se hacían en los fríos meses de invierno.
La escuela de medicina juega un papel importante en el Renacimiento español, donde empiezan a aparecer médicos seglares que también acuden a aprender al Real Monasterio de Guadalupe. En las ordenanzas de los jerónimos está definida la escuela; regulariza la enseñanza médica, la de cirugía y la de anatomía, la organización de cursos, los métodos de trabajo, los horarios de clase, los profesores y los días lectivos.
Abel Fernando Martínez Martín
Doctor en Medicina y Cirugía, magíster y doctor en Historia.
Grupo de investigación Historia de la Salud en Boyacá- Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC).