Gerhard Domagk y el Prontosil, la primera de las sulfas

Abel Fernando Martínez Martín | 01/05/2025 - 20:18 | Compartir:

Bayer, que había sido una empresa alemana que en un principio estaba dedicada a producir tintes para la fabricación de la creciente industria textil, recogió en 1920 la idea del premio nóbel de química alemán Paul Erlich, quien había comprobado en el laboratorio que los tintes usados en la industria teñían unos tejidos, a la vez que no tenían ningún efecto sobre otros; menciona el caso del azul de metileno que teñía los nervios, pero no los músculos. 

Gerhard Domagk y el Prontosil, la primera de las sulfas
Tabletas de Prontosil de Bayer y el médico Gerhard Domagk (1895-1964) en su laboratorio; óleo del expresionista alemán Otto Dix (1953) de la Art Collection, Bayer AG. Bayerleverkusen. Su trabajo Una contribución a la quimioterapia de las infecciones bacterianas (1935) presenta el Prontosil, la primera sulfa, cuya eficacia terapéutica fue probada tres años. En 1939, a Domagk se le concedió el Nobel de Medicina y Fisiología, pero los nazis lo obligaron a rechazarlo, solo pudo recibirlo, ocho años más tarde.

También observó, el creador de las balas mágicas, que ciertas bacterias en los experimentos igualmente se teñían y otras no lo hacían. En 1909, de los tintes usados en la industria textil, Erlich obtuvo el Salvarsan, llamado compuesto 606, un tóxico derivado del arsénico. Una década después, terminada la Gran Guerra, en la década de 1920, no había aparecido ninguna bala mágica más para luchar contra las enfermedades infecciosas que causaron grandes estragos entre los heridos de la guerra mundial.

En 1909, el químico Paul Gelmo (1879-1961) sintetizó las sulfamidas, que se usaron al principio como colorantes, para demostrar luego su actividad antimicrobiana y servir de base para la síntesis, en 1932, de un nuevo fármaco con las mismas propiedades, el Prontosil, cuya eficacia terapéutica fue probada tres años más tarde, con la colaboración del Instituto Pasteur de París, en 1935. En 1938 Bayer comercializa el Prontosil.

El médico alemán Gerhard J. P. Domagk (1895-1964), fue quien, trabajando para la farmacéutica Bayer, comprobó la utilidad del Prontosil en vivo, aplicándolo primero a ratones inoculados con cepas bacterianas mortales y luego a su hija, que padecía una infección grave cuya única solución era la amputación del brazo que le habían recomendado sus colegas. Tras aplicar el tratamiento con Prontosil, logró salvar el brazo a su hija y consiguió una prueba más sobre la indiscutible efectividad antimicrobiana de las sulfas, que protegían contra los estreptococos.

Domagk inició sus estudios de medicina en la Universidad de Kiel, pero al iniciar la Primer Guerra Mundial tuvo que suspenderlos y acudir al frente de batalla, donde fue soldado hasta diciembre del mismo año, cuando, tras una lesión y por ser estudiante de medicina, fue nombrado oficial médico, conociendo de primera mano los estragos de las enfermedades infecciosas en los hospitales militares. Terminada la guerra, Domagk reanuda sus estudios en 1918, doctorándose en Kiel; aprueba el examen médico para ejercer la medicina en Alemania en 1921. 

Ejerció como médico en el hospital de Kiel, sin desvincularse de la universidad, donde trabajó como asistente. En 1923 trabajó en el Instituto de Patología de la Universidad de Greifswald y se interesó por las enfermedades infecciosas en su tesis postdoctoral. En 1925, se trasladó al Instituto de Patología de Münster como profesor asociado. A partir de 1927, Dogmagk deja la universidad y asume la dirección del Instituto de Bacteriología y Patología de Eberfeld, creado para él, en el conglomerado de empresas químicas I.G. Farben Industrie, de la farmacéutica Bayer, en Wuppertal-Eberfeld.

Su trabajo Una contribución a la quimioterapia de las infecciones bacterianas fue publicado en 1935 y, en 1939, se le concedió el Premio Nobel de Medicina y Fisiología, por "el descubrimiento de los efectos antibacterianos del Prontosil", pero los nazis, en el poder, lo obligaron a rechazarlo y Domaagk solo pudo recibirlo 8 años después, terminada la Segunda Guerra Mundial y derrotada la Alemania nazi. El empleo de sulfamidas fue frecuente y se produjo en la Guerra Civil española desde principios de 1938 y fueron ampliamente utilizadas en la II Guerra Mundial, tras la que aparece masivamente el primer antibiótico, la penicilina, que deja atrás a las bacteriostáticas sulfas.

Posteriormente, Domagk trabajó en tuberculosis y el cáncer, desarrollando nuevos fármacos en el laboratorio. Recibió premios nacionales e internacionales y títulos honoríficos, el “Civil de Sanidad” español, la “Medalla del Sol Naciente” japonesa, la Gran Cruz con la Estrella de la Orden del Mérito de la República Federal de Alemania y doctorados honoris causa en las universidades de Bolonia, Münster, Lima, Córdoba y Buenos Aires y fue presidente de la Sociedad Alemana de Patología.

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Abel Fernando Martínez Martín

Doctor en Medicina y Cirugía, magíster y doctor en Historia.
Grupo de investigación Historia de la Salud en Boyacá- Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC).

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