El premio nobel mexicano Mario Molina y los clorofluorocarbonos 

Abel Fernando Martínez Martín | 30/08/2026 - 16:39 | Compartir:

Tres mexicanos en el siglo XX, en tres campos diferentes, recibieron el Premio Nobel, el primero fue el diplomático Alfonso García Robles (1911-1991), quien ganó el Nobel de la Paz en 1982 por su papel, durante la carrera nuclear de la Guerra Fría, en la creación del Tratado de Tlatelolco (1967), que convirtió a América Latina y el Caribe en zonas libres de armas nucleares. 

El premio nobel mexicano Mario Molina y los clorofluorocarbonos 
El 10 de diciembre de 1995, el rey de Suecia Carlos XVI Gustavo le entrega el Premio Nobel de Química y le da la mano al científico ambiental mexicano Mario J. Molina (1943-2020) en la ceremonia nobel celebrada en Estocolmo, Suecia, por sus trabajos sobre el efecto de los CFC en la capa de ozono de la Tierra. El nobel Mario J. Molina sostenía: "Los científicos pueden plantear los problemas que afectan al medio ambiente con base en la evidencia disponible, pero su solución no es responsabilidad de los científicos, es de toda la sociedad". 

El segundo galardonado con el Nobel fue el poeta, ensayista y diplomático mexicano Octavio Paz (1914-1998), galardonado en 1990 con el Premio Nobel de Literatura por su papel en la renovación de la lírica hispanoamericana del siglo XX y en reconocimiento de su talla intelectual, reflejada en su notable producción ensayística.

El tercer Nobel lo obtuvo el ingeniero químico, profesor y activista climático mexicano Mario J. Molina (1943-2020), quien recibió el Premio Nobel de Química por descubrir que los clorofluorocarbonos (CFC), usados industrialmente en aerosoles, aires acondicionados, espumas y refrigerantes, estaban destruyendo la capa de ozono del planeta. Su investigación impulsó el Protocolo de Montreal de la ONU (1987), un acuerdo global para prohibir el uso de los CFC que, al destruir la capa de ozono, que absorbe la radiación ultravioleta perjudicial, son un peligro para la vida en la Tierra.

En 1960, con 17 años, Mario Molina ingresó a la Facultad de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) para estudiar ingeniería química. En 1965 continuó con sus estudios de posgrado en la Universidad de Friburgo, en Alemania. En 1968, Molina ingresó al programa de Doctorado en Fisicoquímica de la Universidad de Berkeley, en California, Estados Unidos. 

Mario Molina obtuvo el doctorado en 1972 y permaneció un año más en Berkeley, antes de convertirse, en 1973, en investigador asociado en la Universidad de California, Irvine, junto con el profesor Frank Sherwood Rowland, con el que escribieron un polémico artículo, publicado en 1974 en la revista Nature, que los hizo famosos, donde afirmaban: "Estamos liberando clorofluorometanos al medio ambiente en cantidades cada vez mayores. Estos compuestos son químicamente inertes, pueden permanecer en la atmósfera entre 40 y 150 años, y es esperable que sus concentraciones alcancen de 10 a 30 veces los niveles actuales. La fotodisociación de los clorofluorometanos […] conduce a la destrucción del ozono atmosférico".

El 11 de octubre de 1995, junto con Sherwood Rowland, fueron galardonados con el Premio Nobel de Química por su papel pionero en establecer la relación entre el agujero de la capa de ozono y los compuestos de cloro y de bromuro en la estratósfera de la Tierra. El Premio Nobel fue compartido con el neerlandés Paul J. Crutzen, del Instituto Max-Planck de Química de Maguncia en Alemania, quien había demostrado, en 1970, que los gases contaminantes tienen un efecto destructor en esa capa atmosférica, sin descomponerse. 

A principios de los años 70, los CFC se habían vuelto cotidianos y su producción mundial llegaba a cerca de un millón de toneladas año, que representaba unos 500 millones de dólares a la industria química. Escribe al respecto el Comité Nobel: "el ozono, junto con el oxígeno molecular ordinario (O2), es capaz de absorber la mayor parte de la radiación ultravioleta del sol y, por lo tanto, evita que esta peligrosa radiación llegue a la superficie. Sin una capa protectora de ozono en la atmósfera, los animales y las plantas no podrían existir, al menos no en la tierra".

Mario J. Molina fue profesor en el MIT, Instituto Tecnológico de Massachusetts, (1989-2004). Se desempeñó también como profesor e investigador de la UNAM entre 1967 y 1968. También fue catedrático de la Universidad de California, Irvine (1975-1979) y del Laboratorio de Propulsión a Chorro del Instituto Tecnológico de California (1982-1989). 

Además del Premio Nobel de Química, recibió, Molina, el Premio Tyler de Energía y Ecología (1983), el Premio de la Sociedad Estadounidense de Química por Avances Creativos en Ciencia y Tecnología del Medio Ambiente (1998) y el Premio Sasakawa del Programa de la ONU para el Medio Ambiente (1999). También obtuvo, Molina, el Premio Campeones de la Tierra de la ONU y más de 40 doctorados Honoris Causa; Mario Molina fue nombrado Caballero de la Legión de Honor de Francia (2012), además de recibir la Medalla Presidencial de la Libertad de los Estados Unidos (2013).

Profile picture for user Abel Fernando Martínez Martín


Abel Fernando Martínez Martín

Doctor en Medicina y Cirugía, magíster y doctor en Historia.
Grupo de investigación Historia de la Salud en Boyacá- Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC).

Ayúdanos para poder seguir informando

Todos los contenidos de El Diario de Salud se encuentran disponibles de manera gratuita; sin embargo, nuestro trabajo y mantener el periódico tiene un costo. Apóyanos. Tu contribución es fundamental para que podamos continuar con nuestra labor.