Antonie van Leeuwenhoek: del mercado de telas a la microscopía

Abel Fernando Martínez Martín | 10/06/2024 - 07:58 | Compartir:

En la ciudad de Delft, Provincias Unidas de los Países Bajos, en una familia humilde de fabricantes de canastos y de cerveza, nació, en 1632, Thonis Philipszoon, nombre real del famoso microscopista más conocido por su apodo: Antonie o Antón van Leeuwenhoek (1632-1723), denominado así por haber nacido en un acceso al burgo de Delft, la llamada "Puerta de León". Van Leeuwenhoek traduce literalmente: "desde la esquina del león". Un cráter lunar y un asteroide, el 2766, llevan su nombre en reconocimiento al trabajo de un hombre sin ninguna formación científica, que no sabía otro idioma más que el materno, que desarrolló la microscopía y la naciente microbiología. 

Antonie van Leeuwenhoek: del mercado de telas a la microscopía
Arriba: fragmento de un retrato al óleo del comerciante de telas y uno de los primeros microscopistas, el neerlandés Antonie van Leeuwenhoek (1632-1723), realizado por el pintor Jan Verkolje hacia 1684. 
Abajo: un fragmento del frontispicio de su libro, publicado en 1695, que recoge sus cartas a la Real Academia de Ciencias de Londres, donde, en el grabado, aparece una figura femenina alegórica, que aparece sentada, mirando a una mariposa, utilizando un pequeño microscopio, que sostiene con su mano derecha, muy similar al que usó Antonie van Leeuwenhoek en sus descubrimientos microscópicos, mientras toma notas en el cuaderno que sostiene en su pierna, con la mano izquierda.

Leeuwenhoek tuvo contacto con los lentes de aumento a los 16 años, cuando empezó a trabajar en la ciudad de Ámsterdam, a donde lo envió su madre como aprendiz, al tiempo que llevaba los libros de cuentas y la caja de un comerciante en telas de origen escocés. Los lentes se usaban en el mercado textil para poder contar el número de hebras que determinaban la densidad y la calidad de las telas comercializadas.

Pasados los 20 años, Leeuwenhoek regresó a su natal Delft, donde abrió una próspera tienda de telas para lo que adquirió un primitivo microscopio (1654), que consistía en una lupa montada sobre un pequeño soporte que le permitía observar tres aumentos diferentes, instrumento que usaban los comerciantes de textiles de su tiempo. 

Leeuwenhoek fue concejal de Delft en 1660 y director del Consejo de Seguridad de la ciudad neerlandesa en la que permaneció el resto de su vida, ciudad inmortalizada en los cuadros de su paisano, vecino y contemporáneo, el pintor Vermeer de Delft (1632-1675). Leeuwenhoek dejó el negocio de las telas y obtuvo el cargo de Chambelán del Lord Regente de Delft (1660); trabajó como agrimensor (1669) y, desde 1679, se desempeñó como inspector y controlador de vinos de Delft, cargos municipales que le dejaron más tiempo para dedicarse a la microscopía.

Leeuwenhoek tuvo un gran talento técnico: preparó lentes con todo tipo de materiales, vidrio, cristal de roca, cuarzo y diamante, que montaba en un pequeño dispositivo que regulaba con tornillos, alcanzado a lograr 270 aumentos, que le permitieron entran al mundo desconocido de las pequeñas dimensiones, al mundo, hasta ese momento no visible al ojo humano, de lo microscópico, utilizando la luz natural o una vela. Leeuwenhoek fabricó 419 aparatos, lo que demuestra que gran parte de su larga vida se la dedicó a la fabricación de microscopios; otra parte, a la observación del nuevo mundo microscópico, que dibujó y registró. 

Leeuwenhoek envió más de 400 cartas a la Real Academia de Ciencias de Londres con los informes de sus experiencias, la primera en 1673. En 1680, junto con Robert Hooke, fueron elegidos miembros correspondientes de la Sociedad Real de Londres. Describió y dibujó protozoos, bacterias, levaduras, hongos, capilares, espermatozoides, glóbulos rojos, cristales de sales, fibras musculares, huesos, piel y pelos humanos y de animales; observó agua, cerveza, pólvora, escamas, plumas, renacuajos, semillas, cortezas de plantas, pimienta, árboles, pulgas, piojos, abejas y mosquitos. Escribía en 1676, en carta a la Academia de Londres: "jamás he tenido antes mis ojos una visión tan placentera como estos miles de criaturas vivas, todas ellas vivas en una gota de agua, moviéndose una a través de la otra y cada criatura demostrando su propia movilidad".

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Abel Fernando Martínez Martín

Doctor en Medicina y Cirugía, magíster y doctor en Historia.
Grupo de investigación Historia de la Salud en Boyacá- Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC).

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