Sertürner descubre la morfina y la adicción a ella

Abel Fernando Martínez Martín | 07/12/2025 - 17:45 | Compartir:

Friedrich Wilhelm Adam Sertürner (1783-1841), un joven farmacéutico alemán, descubrió la sustancia química obtenida en el laboratorio a partir de un extracto de opio y la bautizó con el nombre de "morfina". El joven de 23 años, en 1806, había aislado uno de los analgésicos más potentes. A la sustancia química obtenida, en 1811, tras experimentar consigo mismo, le puso nombre en honor al mitológico Morfeo, el dios griego del sueño y la ensoñación, divinidad que solo cita el poeta romano Ovidio en Las Metarmorfosis, por la capacidad que tenía el dios griego y la sustancia por él aislada de inducir un estado de somnolencia y, al tiempo, aliviar el dolor. Caer en brazos de Morfeo, desde tiempos inmemoriales, equivale a quedar fundido.

Sertürner descubre la morfina y la adicción a ella
Friedrich Wilhelm Adam Sertürner (1783-1841), farmacéutico alemán que a los 23 años aisló la morfina y estuche portátil de morfina del siglo XIX, con jeringa y aguja, para su aplicación.

Ovidio cuenta que el divino Morfeo dormía en una cueva casi en penumbra, en un lecho de negra madera de ébano, que estaba rodeado de flores de adormidera o amapola (Papaver somniferum), de donde se extrae el opio con sus alcaloides con efectos sedantes y narcóticos. En la Ilíada de Homero no se menciona a Morfeo, pero si a Óniro, el ensueño, y a Hipno, el sueño, que son las raíces de las palabras onírico e hipnótico, que utilizamos en medicina.

Sertürner empezó a trabajar con un equipo sencillo, como ayudante en la farmacia palatina de Cramer, en la ciudad alemana de Paderborn, estado de Renania del Norte-Westfalia. Comenzó sus experimentos en el laboratorio con el opio, por sus propiedades como analgésico y sedante. Se propuso aislar el principio activo, el “principium somniferum”, responsable de los efectos del opio. Tras numerosos intentos, Sertürner consiguió disolver opio en ácido y neutralizarlo con amoníaco, obteniendo cristales gris amarillentos con potencia analgésica superior a la del opio, que fueron utilizados experimentalmente en animales, mostrando su efecto hipnótico y sedante. Se suponía que todas las sustancias vegetales eran ácidos. Con la morfina, Sertürner, descubre el primer principio activo vegetal que es básico. Una nueva clase de sustancias nace para la química con Sertürner, los alcaloides.

Sertürner decidió probar la sustancia en sí mismo, al padecer un episodio de dolor de muelas insoportable. Una pequeña dosis de los cristales alivió el dolor y le indujo un sueño profundo y reparador, demostrando, en sí mismo, la eficacia de la morfina como analgésico y sedante. Sertürner abrió las puertas al uso médico de la morfina, que marcó, al inicio del siglo XIX, el nacimiento de la farmacología moderna y sentó las bases para desarrollar los opioides, que cambiaron el abordaje del dolor, el alivio del sufrimiento humano y también incrementaron el problema de adicción a los opioides. 

Sertürner determina, luego, la dosis óptima de morfina: utiliza tres voluntarios menores de 17 años y en él, a los que administró diferentes cantidades de morfina, observando desde euforia y somnolencia hasta confusión y fatiga extrema. Calcula que es necesaria una dosis de 15 mg, recomendación que se mantuvo décadas en la clínica médica. 

Los estudios sobre la morfina, que empezó a publicar en 1805 y 1806, se vuelven importantes para la comunidad académica en 1817, cuando se reconoce la importancia del trabajo de Sertürner y el toxicólogo español Mateo Orfila; realiza investigaciones sobre los efectos de la morfina en el organismo animal. Se le nombra Doctor Honoris Causa de la Universidad de Jena en 1818. Es a partir de 1844 cuando se utiliza la morfina masivamente como analgésico. El elevado costo de producción retrasó, al inicio, el ingreso masivo del alcaloide en la terapéutica.

Sertürner, tras haber dedicado gran parte de su vida a estudiar la morfina, terminó sumido en la depresión y la adicción. Su muerte se produce en 1841, en Hameln. Con la invención de la jeringuilla hipodérmica, en 1853, por parte de Alexander Wood, la morfina comenzó a administrarse vía intravenosa, lo que aumentó su eficacia en el tratamiento del dolor agudo y crónico, el manejo de pacientes terminales y su potencial adictivo, que llega hoy a niveles epidémicos con la heroína y el fentanilo. 

En 1844, el médico irlandés Francis Rynd (1801-1861) empleó por primera vez la inyección subcutánea para combatir una neuralgia facial. En 1869, Robert Bartholow (1831-1904) médico militar y farmacéutico de Filadelfia, describó los síntomas de la adicción a la morfina y el síndrome de abstinencia e inicia el tratamiento con la progresiva sustitución con atropina. Eduard Levinstein empleó, por primera vez, la expresión “adicción a la morfina”, en 1875. 

Se calcula que en 1900 existían en Estados Unidos 300.000 adictos a los opioides y una población de 76 millones de habitantes; es decir, cuatro de cada mil personas eran adictas, en momentos que el opio y la heroína se podían comprar en la farmacia de la esquina, hoy, que están prohibidos y declarados terroristas los traficantes, el problema del fentanilo se ha convertido en un problema de salud pública en Estados Unidos, que registró, según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), entre 1999 y 2019, sobredosis de opioides en más de medio millón de personas. La cifra aumentó con la pandemia de COVID-19. Entre abril del 2020 y abril del 2021 el número de muertos fue de más de 100.000; el 64% fueron a causa de los opioides sintéticos.

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Abel Fernando Martínez Martín

Doctor en Medicina y Cirugía, magíster y doctor en Historia.
Grupo de investigación Historia de la Salud en Boyacá- Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC).

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