Ugo Cerletti, los marranos del matadero y los electrochoques

Abel Fernando Martínez Martín | 17/03/2024 - 16:02 | Compartir:

En 1937, en Münsingen, la Asociación Suiza de Psiquiatría celebró un congreso donde se abordó la pregunta ¿cuál de los dos métodos que se utilizaban, la terapia de choque con insulina de Sackel o el Cardiazol de von Meduna, reportaba mejores resultados en el tratamiento de la esquizofrenia? En el congreso de Suiza participó también Lucio Bini (1908-1964), un psiquiatra italiano que se desempeñaba como profesor de psiquiatría de la Universidad de Roma La Sapienza, quien sugirió que la inducción de convulsiones mediante la utilización de corriente eléctrica debería considerarse en la discusión planteada entre el uso del cardiazol o la insulina como terapias de choque. Bini trabajaba con el neurólogo y neuropsiquiatra, también italiano, Ugo Cerletti (1877-1963) y es quien fabricó el primer aparato de electrochoque. 

Ugo Cerletti, los marranos del matadero y los electrochoques
El psiquiatra italiano Lucio Bini (1908-1964), socio del neuropsiquiatra y también profesor de psiquiatría de la Universidad de Roma y también italiano Ugo Cerletti (1877-1963), en 1948, ante un numeroso público que observa la convulsión tónico clónica causada por la corriente eléctrica. Bini revisa la guarda bucal de un paciente sometido a terapia electroconvulsiva no modificada aún.
*Fuente Tempo, marzo de 1948.

Hugo Cerletti, nacido en el Véneto en 1877, estudió la carrera de medicina en las ciudades italianas de Roma y Turín y trabajó luego en Roma, Turín, Paris, Munich y Heidelberg (con Kraepelin). Cerletti fue director del Instituto Mental de Milán, de Neuropsiquiatría en Bari y presidente del Departamento de Mental de la Universidad de Roma, lugar donde desarrolló la terapia electroconvulsiva para el tratamiento de las enfermedades mentales. Cerletti, como Sakel y von Meduna, también pasó sus últimos años en los Estados Unidos y falleció en Roma en 1963. 

Cerletti llevaba años experimentando con los efectos de la aplicación de la corriente eléctrica en animales en el laboratorio, pero no acaba de conseguir que los perros con los que experimentaba sobrevivieran al paro cardiaco que provocaba la corriente eléctrica que aplicaba. Entonces, visitó el matadero de Roma, donde vio que los cerdos recibían descargas eléctricas mediante una colocación diferente de los electrodos de la que Cerletti utilizaba, por eso, los animales del matadero romano solamente quedaban aturdidos antes de ser degollados. Él mismo narra el porcino origen del electrochoque:

"Fui al matadero. Colocaban en las sienes de los cerdos unas grandes pinzas metálicas que estaban conectadas a la corriente eléctrica (125 voltios). Los cerdos quedaban inconscientes, agarrotados, y unos segundos más tarde se agitaban como consecuencia de las convulsiones. Sentí que podíamos aventurarnos a probarlo en personas". 

De esta manera explica, Ugo Cerletti, cómo se dio cuenta de que las convulsiones causadas por la corriente eléctrica aplicada bilateralmente en las sienes de los marranos podían tranquilizarlos y cómo, en abril de 1938 decidió, en colaboración con Lucio Bini, Ferdinando Accornero y Lamberto Longhi, ponerlo en práctica, sin el degüello, cambiando la posición de los electrodos y a los animales por seres humanos, aplicándolo en la Clínica para Enfermedades Mentales de la Universidad de Roma, que él dirigía, a una persona de 39 años, que había sido llevado por la policía, por estar vagando por un parque, que fue diagnosticado como esquizofrénico. No sobra recalcar que la terapia electroconvulsiva, fue inventada en la época del fascismo de Mussolini, la criminalística de Cesare Lombroso y Enrico Ferri y la biotipología de Nicola Pende.

Se aplicó primero una leve descarga y, como solo se produjeron algunos espasmos y el paciente empezó a cantar, Cerletti indicó aplicar una segunda descarga, ante el temor de los presentes a que falleciera al aumentar la intensidad de la corriente. El paciente, cuando oyó que le iban a dar otra descarga, gritó: "¡Una segunda no: es mortal!". Aun así, recibió la descarga y presentó la deseada convulsión tónico-clónica. Tras 14 sesiones y dos meses, el paciente fue dado de alta. Hugo Cerletti entusiasmado afirmó: "se podrían limpiar las mentes de los pacientes enfermos para que vuelvan a empezar de cero, imprimiéndoles una nueva personalidad".

La terapia electroconvulsiva, de bajo costo comparada por sus rivales a las que desplazó, se extendió rápidamente en Estados Unidos. En 1940 se realizó la primera terapia electroconvulsiva en el hospital Columbus de Nueva York. El resultado fue publicado en el American Journal of Psychiatry (1941), difundiéndose rápidamente por el país. La II Guerra Mundial favoreció aún más su desarrollo en los Estados Unidos. 

Luego de un período de entusiasmo inicial, siguió el descrédito creciente. Por la falta de diagnósticos precisos y el uso indiscriminado, incluso para luchar contra la homosexualidad o con fines punitivos; las complicaciones, como fracturas de cadera y de columna, microhemorragias cerebrales y trastornos de la memoria, que disminuyeron en 1942 con la introducción de los relajantes musculares y de la anestesia; y la introducción de los primeros psicofármacos antidepresivos y antipsicóticos. Pocas prácticas médicas causaron tanto rechazo popular en la prensa, la literatura y el cine; sin embargo, la terapia electroconvulsiva jamás pudo ser retirada del todo.

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Abel Fernando Martínez Martín

Doctor en Medicina y Cirugía, magíster y doctor en Historia.
Grupo de investigación Historia de la Salud en Boyacá- Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC).

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