Sobre la práctica de la momificación consigna en el Libro Segundo de los Nueve Libros de la Historia el historiador griego Heródoto de Halicarnaso que en Egipto existen personas que ejercen el oficio de embalsamar. Empieza el “padre de la Historia”, el tema con el duelo y los golpes de las plañideras:
“Los duelos y funerales son así: cuando en una casa muere un hombre de cierta importancia, todas las mujeres de la casa se emplastan de lodo la cabeza y el rostro. Luego dejan en casa al difunto, y ellas recorren la ciudad, golpeándose, ceñida la ropa a la cintura y mostrando los pechos, en compañía de todos sus parientes. En otra parte plañen los hombres, también ceñida la ropa a la cintura. Concluido esto llevan el cadáver para embalsamarlo”.
Sigue Heródoto de Halicarnaso su relato en el Segundo Libro, sobre la momificación y sus clases en Egipto:
“Hay, efectivamente, personas encargadas de este menester y que ejercen este oficio. Esas personas, cuando les llevan un cadáver, muestran a quienes lo han traído unos modelos de cadáveres en madera, copiados del natural, y explican que, entre los modelos existentes, el embalsamamiento más suntuoso es el que se empleó para aquel cuyo nombre considero irreverente mencionar a propósito de un asunto semejante; luego, muestran un segundo modelo, inferior al primero y más barato, y, finalmente, un tercero, que es el más barato. Después de dar estas explicaciones, preguntan a los familiares con arreglo a qué modelo quieren que se les prepare el cadáver; entonces los parientes convienen en un precio y salen de allí”.
Continúa Heródoto su relato sobre la momificación en su tiempo. La muerte como la vida en Egipto, como en muchas partes, depende siempre del nivel socioeconómico del difunto a momificar. Escribe Heródoto:
“Realizan el embalsamamiento más suntuoso como sigue: primero, con un gancho de hierro, extraen el cerebro por las fosas nasales (así es como sacan parte del cerebro; el resto, en cambio, vertiendo drogas por el mismo conducto). Luego, con una afilada piedra de Etiopía sacan, mediante una incisión longitudinal practicada en el costado, todo el intestino, que limpian y enjugan con vino de palma, y que vuelven a enjugar, posteriormente, con substancias aromáticas molidas”.
La momificación como la culinaria incluye sal, vino, canela y otras sustancias aromáticas que coadyuban en el proceso de deshidratación previo a la momificación del cadáver a embalsamar:
“Después, llenan la cavidad abdominal de mirra pura molida, canela y otras substancias aromáticas, salvo incienso, y cosen la incisión. Tras estas operaciones, 'salan' el cadáver cubriéndolo con natrón (sal divina) durante 60 días y, una vez transcurridos los 70 días, lo lavan, y fajan todo su cuerpo con vendas, que untan con goma. Es el modo más suntuoso de preparar el cadáver”.
Sigue Heródoto de Halicarnaso explicando el modelo de tratamiento que se aplica para la clase media egipcia:
“A los que optan por el modelo intermedio con el propósito de evitar un gran dispendio, los preparan como sigue. Llenan unas jeringas con un aceite que se obtiene del enebro de la mirra, llenan con ellas la cavidad abdominal del cadáver sin practicarle la incisión ni extraerle el intestino, sino inyectándole el líquido por el ano e impidiendo su retroceso, y lo conservan en natrón el número de días prescrito. Al cabo de ellos, sacan de la cavidad abdominal el aceite de mirra, que introdujeron y que tiene tanta fuerza que consigo arrastra, ya disueltos, el intestino y las vísceras; a las partes carnosas, a su vez, las disuelve el natrón, y así del cadáver sólo quedan la piel y los huesos. Una vez realizadas esas operaciones, devuelven el cuerpo en este estado”.
Continúa Heródoto describiendo el tercer tipo de embalsamamiento, el más económico: “El, que se aplica a los más indigentes, es como sigue. Limpian la cavidad abdominal con una purga, conservan el cuerpo en natrón durante los setenta días y luego lo entregan a los familiares para que se lo lleven”.
Para terminar con el tema de la momificación en Egipto, Heródoto de Halicarnaso consiga una peculiar particularidad de la que se entera, la momificación de los cadáveres de las mujeres hermosas o nobles: “En cuanto a las mujeres de los nobles, no las entregan para embalsamar inmediatamente que mueren, y lo mismo las mujeres muy hermosas o principales, sino las entregan a los embalsamadores tres o cuatro días después. Hacen esto para que los embalsamadores no se unan a las mujeres”.
Para corroborar lo escrito sobre el espinoso tema, escribe el historiador griego en sus últimos renglones escritos sobre la momificación en Egipto un testimonio oral recibido por él: “Cuentan en efecto, que se sorprendió a uno mientras se unía a una mujer recién muerta, y que un compañero de oficio lo había delatado”.
Abel Fernando Martínez Martín
Doctor en Medicina y Cirugía, magíster y doctor en Historia.
Grupo de investigación Historia de la Salud en Boyacá- Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC).