Heródoto, historiador de la medicina y la salud egipcias

Abel Fernando Martínez Martín | 14/06/2026 - 15:05 | Compartir:

El historiador y geógrafo griego Heródoto de Halicarnaso, ciudad griega situada en la actual Turquía (484 a 425 a. E), escribió sobre Egipto, país al que viajó en el siglo V antes de nuestra era, en tiempos de Hipócrates de Cos, de Pericles, del filósofo Sócrates y de la peste de Atenas, en su fundadora obra Los Nueve Libros de la Historia, que está cada uno dedicado a una de las nueve musas, las hijas de Zeus y de Mnemosine, la diosa griega de la memoria. El Libro Primero, de los nueve, empieza explicando sus objetivos, así: 
“Heródoto de Halicarnaso presenta aquí los resultados de su investigación para que el tiempo no abata el recuerdo de las acciones humanas y que las grandes empresas acometidas, ya sea por los griegos, ya por los bárbaros, no caigan en el olvido”.

Heródoto, historiador de la medicina y la salud egipcias
Relieve egipcio que fue hallado en la Tumba de Ankhmahor, en Saqqara, perteneciente a la VI Dinastía, que transcurre del año 2.345 al 2.171 antes de nuestra era y es considerada por los egiptólogos como la última etapa del Imperio Antiguo, en el que se representa a dos cirujanos sentados en el suelo, que están practicando la circuncisión, uno de ellos con un ayudante que, por detrás, sostiene las manos del joven paciente que está de pie, para facilitar el procedimiento quirúrgico. A la derecha, la obra Los Nueve Libros de la Historia, cada uno dedicado a una de las musas, con un busto del historiador y geógrafo griego Heródoto de Halicarnaso (484 a 425 a. E), a quien se le denomina el “padre de la Historia”, en Occidente.

Sostiene el llamado “padre de la historia”, en el Libro Segundo de Los Nueve Libros de la Historia, que los egipcios, que son un pueblo supersticioso por excelencia, a causa de su clima particular, tanto como por su río también particular, el Nilo, que marca su vida y su cultura, han establecido en casi todas las cosas unas leyes y unas costumbres particulares, que evidentemente son para Heródoto “contrarias a las de los demás hombres”. Afirma: 

“Allí son las mujeres las que compran y trafican y los hombres se quedan en casa, y tejen. Las mujeres orinan de pie y los hombres sentados. Hacen sus necesidades en casa y comen por fuera, por las calles dando por razón que lo indecoroso, aunque necesario, debe hacerse a escondidas, y lo no indecoroso, a las claras”.

Y agrega, más adelante el historiador griego, otra muy importante diferencia que influye en la salud de los egipcios, la convivencia continua de estos hombres sedentarios con los animales y con sus zoonosis: “Los demás hombres viven separados de los animales, pero los egipcios viven junto a ellos”.

Las costumbres higiénicas que practican cotidianamente los egipcios y, sobre todo, la de sus sacerdotes, que siempre son hombres, nunca mujeres, sorprenden al historiador griego, que escribe: “Beben en vasos de bronce y cada día los limpian […] Llevan ropa de lino, siempre recién lavada. Se circuncidan por razones de aseo, prefiriendo ser aseados que bien parecidos”. 

Continúa Heródoto de Halicarnaso, sosteniendo que: “Los sacerdotes se rapan todo el cuerpo día de por medio, para que ni piojo ni otra sabandija se encuentre entre ellos al tiempo de realizar los servicios divinos. Se lavan con agua fría dos veces al día y dos veces a la noche. En los otros países los sacerdotes de los dioses se dejan crecer el cabello; en Egipto se rapan”. Sostiene que en otros países cuando alguien muere, se rapan el pelo y que los egipcios, al contrario, se lo dejan crecer.

Agrega Heródoto que los egipcios buscan siempre la salud, usando purgas, vomitivos y lavativas, los egipcios: “se purgan tres días seguidos cada mes, persiguiendo la salud a fuerza de vomitivos y lavativas, persuadidos de que todas las enfermedades del hombre nacen de los manjares que sirven de alimento” y sostiene además que: “los egipcios miran al cerdo como animal impuro” y consideran al cocodrilo como sagrado.

Escribe el historiador griego sobre sus variadas figuras médicas, a las que podemos calificar como especialistas tempranos, porque según Heródoto de Halicarnaso los egipcios de su tiempo: “Tienen la medicina repartida en la forma siguiente: cada médico atiende a una enfermedad y no más. Todo está lleno de médicos; unos son médicos de los ojos, otros de la cabeza, otros de los dientes, otros de las vísceras del vientre, otros de las enfermedades ocultas”.

Heródoto de Halicarnaso consigna en su Libro Segundo la creencia de los egipcios en la inmortalidad del alma humana y en la reencarnación: “Los egipcios son también los primeros en decir que el alma del hombre es inmortal y que, al morir el cuerpo, entra siempre en otro animal que entonces nace”.

Por último, y para dejar en contraevidencia a los que sostienen que las pirámides de Egipto fueron construidas por seres extraterrestres, el historiador Heródoto de Halicarnaso consigna que, en Egipto, todo está debidamente registrado en los jeroglíficos, hasta la dieta de los obreros que las levantaron con su trabajo: “En la pirámide está anotado con letras egipcias cuanto se gastó en rábanos, en cebollas y en ajos para los obreros”, que construyeron las terrestres y faraónicas tumbas piramidales.

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Abel Fernando Martínez Martín

Doctor en Medicina y Cirugía, magíster y doctor en Historia.
Grupo de investigación Historia de la Salud en Boyacá- Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC).

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