René-Théophile-Hyacinthe Laennec (1781-1826), a los 14 años, recibió el título de cirujano militar de tercera clase y comenzó a trabajar como aprendiz asistiendo a su tío, profesor de la escuela de medicina en los hospitales militares de Nantes. Trabajó como médico militar. A los 19, viaja a París y se inscribe en la escuela de medicina. Se doctoró con una tesis sobre la doctrina de Hipócrates.
Fue discípulo de Corvisart, gran maestro y famoso clínico francés, médico de Napoleón, quien traduce al francés (1808), ampliado con su experiencia, la obra de Auenbrugger Sobre la Percusión del Tórax (1761) el Inventum Novum, que hace remover las cavidades, introduciendo en Francia la olvidada percusión, que causa impresión al músico Laennec. En 1803, Laennec, que recibe las Lecciones de Anatomía Patológica de Bichat, obtiene dos de los cuatro galardones del Concurso Nacional de Premios de Medicina.
Siendo médico del Hospital Necker, en 1816, atendiendo una paciente obesa en donde no funcionaba la percusión, toma un cuaderno y lo enrolla, descubre el estetoscopio, después lo fabricará en madera, recordando sus juegos infantiles, observando a los niños que jugaban a emitir sonidos en el patio del Louvre de un lado a otro con una viga de madera y sus clases de flauta. En 1819, Laennec publica, en dos volúmenes, su gran obra, que titula: Sobre la Auscultación Mediata o Tratado del diagnóstico de las enfermedades de los pulmones y el corazón, uno de los libros con mayor influencia en la historia de la medicina.
La auscultación inmediata, aunque descrita por Hipócrates, dejó de ser utilizada, prejuicios morales impedían desnudar a una paciente, el sudor, la suciedad y el miedo al contagio la hacían poco atractiva para los pacientes masculinos. Los médicos de la época no hacían desnudar a sus pacientes. Laennec, profundo cristiano, elimina todo reparo con la auscultación mediatizada por el estetoscopio, salvando un obstáculo moral para la medicina decimonónica.
Le interesa a Laennec la contextura del sustrato orgánico que existe tras el sonido auscultado, al hacer sonora la enfermedad, hace hablar la lesión, visualiza lo que estaba oculto en el cuerpo del enfermo, enriquece con nuevos datos sensoriales la exploración física del enfermo, el nuevo lenguaje de la patología. Laennec recomendaba, como buen anatomoclínico, verificar con la autopsia los diagnósticos obtenidos con el estetoscopio "y convencerse por los ojos de la certidumbre de los signos que nos da el oído".
Como Bichat, Laennec también desconfía del microscopio. A la imprecisión del síntoma narrado por el enfermo, Laennec le aporta a la mentalidad anatomoclínica el signo físico, que se convierte en el eje fundamental de los conocimientos positivos en medicina: “lo menos variable y lo más positivo de la enfermedad”, en las palabras de Laennec. En su Auscultación Mediata los tratamientos no difieren mucho de la medicina hipocrática: tisana de cebada, sanguijuelas en el epigastrio, tártaro, adormidera.
Lo primero que hace Laennec es clasificar ordenadamente todos los ruidos torácicos que escucha con el estetoscopio, siguiendo el sensualismo de Condillac, descomponiéndolo en sus elementos, describe: ruidos respiratorios, vocales, de la tos, sobreañadidos y cardiacos. La mentalidad anatomoclínica basa su experiencia en los sentidos, de los ojos y las manos pasa a los oídos, gracias a Laennec y su estetoscopio, que se convirtió en herramienta fundamental del quehacer médico, convertido en fonendoscopio. El estetoscopio de Laennec simboliza, colgado al cuello, al médico moderno.
Laennec escribe sobre la primacía de los signos clínicos sobre los síntomas que expresa el paciente: "En todo tiempo, los médicos han advertido la insuficiencia de los signos equívocos sacados del estado general del enfermo (los síntomas) y del trastorno de las funciones para hacer conocer las enfermedades internas, y han tratado de añadir a ellos signos físicos que cayesen inmediatamente bajo los sentidos". Para el anatomoclínico Laennec, el signo físico es “cualquier dato de observación sensorial que permita al clínico obtener, con bien fundada pretensión de certidumbre, una imagen parcial del estado anatómico en que se encuentra el cuerpo del enfermo en el momento de la exploración". El signo físico del enfermo une, es el nexo que consolida la exploración física, que realiza el médico clínico con la lesión anatomopatológica del cuerpo enfermo.
Para sus críticos, los anatomoclínicos olvidan el síntoma, que es referido por el enfermo, el logos hipocrático, cuerpo enfermo, al que ya no se le pregunta ni se le responde, ni siquiera se le oye, cuerpo enfermo que se puede convertir en un “mero objeto físico” o un asunto de pérdidas y ganancias en estos mercantiles tiempos, que claman y, no es la primera vez, en la medicina occidental, por el retorno a los principios hipocráticos.
Abel Fernando Martínez Martín
Doctor en Medicina y Cirugía, magíster y doctor en Historia.
Grupo de investigación Historia de la Salud en Boyacá- Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC).