La mortal epidemia de fiebre amarilla que asoló a Buenos Aires en 1871

Abel Fernando Martínez Martín | 12/06/2023 - 16:21 | Compartir:

A finales de la década de 1860 se iniciaba el arribo de millones de inmigrantes europeos a la Argentina, proyecto impulsado por la élite liberal que concebía a la inmigración europea como componente necesario para llevar a cabo el proceso modernizador del país. De Italia provenía la mayoría de los inmigrantes desembarcados en los puertos argentinos, seguidos por los españoles y luego por los franceses.

La mortal epidemia de fiebre amarilla que asoló a Buenos Aires en 1871
Izquierda: cuadro del uruguayo Juan Manuel Blanes, sobre la epidemia de fiebre amarilla que azotó a Buenos Aires en 1871; se titula Un episodio de la fiebre amarilla en Buenos Aires y fue pintado ese año. Óleo sobre tela (230 x 180 cm.) que muestra a una mujer muerta por la fiebre amarilla con su hijo aún vivo y los médicos entrando a la vivienda. Museo Nacional de Artes Visuales, Montevideo, Uruguay. 
Derecha: placa en memoria de las víctimas de la epidemia. Iglesia de Nuestra Señora de Belén, Barrio de San Telmo, Buenos Aires.

En el primer semestre de 1871, cuando llegó la epidemia de fiebre amarilla a Buenos Aires, los inmigrantes extranjeros estaban distribuidos en todos los barrios de la ciudad, especialmente en San Telmo, Concepción y el Socorro, donde residían numerosas familias italianas que habitaban grandes casas de inquilinato, llamadas conventillos, grandes viviendas colectivas que, a veces, albergaban más de 200 individuos. Casas que habían sido residencia de una familia donde metían luego a diez grupos familiares, hacinados, con pocos recursos económicos, sin intimidad, sin ventilación y sin acceso al agua potable, siendo esta gran masa de población, que se encontraba en deplorables condiciones higiénicas, la que sufriría las consecuencias mortales de la epidemia de fiebre amarilla que afectó Buenos Aires durante el primer semestre de 1871. 

La mortal epidemia provenía de Asunción, capital del Paraguay, donde el máximo apogeo se había registrado en diciembre de 1870, desde donde se propagó luego a la ciudad argentina de Corrientes y, finalmente, a través de la vía fluvial del Paraná, penetró en Buenos Aires, radicándose en el barrio de San Telmo, que estaba lleno de conventillos. La epidemia de fiebre amarilla se desató en enero, registró la mayor mortalidad en abril, con 500 muertos diarios, y terminó en junio de ese mismo año.

Argentina iniciaba el verano con el año, acompañado de altas temperaturas, de un elevado porcentaje de humedad, aumento de la sensación térmica, fuertes lluvias, vientos y cambios en la presión del aire. Existe evidencia de la influencia del fenómeno de El Niño en la epidemia de fiebre amarilla de 1871. Es preciso anotar que todavía no se conocía ni el carácter viral de la enfermedad ni el papel del mosquito (la mosquita) en su transmisión a los seres humanos.

La epidemia provocó el éxodo masivo de los habitantes de la ciudad de Buenos Aires, que los funcionarios de la ciudad impulsaron; causó la saturación y colapso del precario sistema sanitario existente, la improvisación de lazaretos, la organización de una comisión popular impulsada por las élites; y originó, además, campañas de persecución a los inmigrantes y creación de nuevos cementerios, pues no dieron abasto los existentes.

Se calcula que Buenos Aires contaba en 1871 con cerca de 190.000 habitantes, de ellos murieron cerca de 14.000, la mayoría de la mortalidad la pusieron los emigrantes italianos. En resumen, la mortandad en el mes de abril fue pavorosa; se inhumaron 7.174 individuos, de ellos 2.614 eran italianos; es decir, el 36.4 % de los fallecidos eran inmigrantes italianos, 1.746 eran argentinos, 933 tenían nacionalidad francesa, 727 eran inmigrantes españoles y 1.154 pertenecían a otras nacionalidades. La mortalidad fue mayoritariamente masculina, alcanzó a 8.645 hombres, la mayoría, seguida por 3.201 mujeres y con el fallecimiento de 1.185 niños.

Declarada extinta el 21 de junio, la epidemia se recuerda como punto de inflexión entre la ciudad que carecía de las mínimas condiciones de salubridad y la anhelada ciudad moderna, que nace tras la epidemia. El 29 de junio de 1871 tuvo lugar el último deceso a causa de la fiebre amarilla que diezmó la población de Buenos Aires: Pedro Guardón, de 40 años, soltero, inmigrante italiano. La ciudad quedaba liberada. 

A tres siglos de su fundación, Buenos Aires renació y se modernizó, tras la mortal epidemia de fiebre amarilla que marcó la historia de la ciudad, en ese momento reciente capital argentina.

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Abel Fernando Martínez Martín

Doctor en Medicina y Cirugía, magíster y doctor en Historia.
Grupo de investigación Historia de la Salud en Boyacá- Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC).

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