La particular mezcla de ciencia y magia, de antigüedad con modernidad, que fue la alquimia, una palabra que proviene del árabe, tuvo diversos propósitos, que van desde la transformación de los metales corrientes en oro (creían que todos los metales terminarían en la perfección que representaba el oro y la plata entre los metales; un proceso de transmutción, que los alquimistas quieren acelerar con sus métodos en el laboratorio) y la búsqueda de la piedra filosofal, hasta lograr obtener la cura para todas las enfermedades humanas y buscar la longevidad.
Hoy entendemos a la alquimia, con su laboratorio de experimentación, con alambiques, hornos (atenores), materiales y retortas, como una parte importante de la experiencia cultural y de la construcción de conocimiento en la floreciente primera Edad Moderna de Occidente, ocupando hoy su lugar en la historia de las ciencias.
La idea de imitar, perfeccionar y acelerar los procesos naturales, que fueron creados por Dios, a través de la práctica experimental en el laboratrio, constituye su principal propósito. Con una larga historia que abarca cuatro milenios en la China, la India, en Mesopotamia y en Persia en el Asia y en el África, en Egipto y en Grecia, destacándose la helenística Alejandría, y en el mundo árabe. La alquimia vivió una época dorada en Europa, entre los siglos XII y XVIII, periodo que cubre la baja Edad Media, el Renacimiento, el Barroco y la Ilustración.
La alquimia involucró a hombres y a mujeres; a personas de diferentes niveles sociales y económicos; a cristianos y musulmanes; a artesanos, reyes, príncipes, científicos, médicos, comerciantes, pintores, ceramistas, metalúrgicos, mineros, textileros, boticarios, perfumistas, monjes, filósofos, polímatas y sabios.
Los alquimitas intentaron integrar los fenómenos químicos que manipulaban en el laboratorio, en alguno de los sistemas filosóficos dominantes de la antigüedad: el pitagórico, el platónico y el aristotélico, sin olvidar los cuatro elementos del médico Empédocles de Agrigento. La quintaesencia es el quinto elemento alquímico.
Coexistían entre los alquimistas tanto posiciones escolásticas como antiaristotélicas, paracelsianas y antiparacelsianas, herméticas, neoplatónicas, mecanicistas y vitalistas; la alquimia a todos servía y todos en ella se acomodaban a su manera, lo que explica su larga duración, su existencia en la antigüedad y en la modernidad, como el Renacimiento que es moderno y, al tiempo, no deja de ser antiguo. La alquimia ve en la materia, la manifestación y el lugar de la obra de Dios, lo que explica también su larga duración hasta su persecución por la Inquisición.
Las antiguas civilizaciones de Egipto, con Hermes Trimegisto, la India y China poseían una larga y muy diferente de la europea tradición alquímica. Los objetivos de los primeros alquimistas variaban, pero el hilo conductor de ellos siempre fue la transmutación para mejorar, para poder transformar una sustancia común en valioso oro o plata, para traer la luz ante la oscuridad, para prolongar la vida y para devolverles la salud a los enfermos.
Creían también los alquimistas en la existencia de una estrecha relación entre el Cielo y la Tierra y entre los planetas del firmamento generadores de los metales de la Tierra. El Sol producía, para ellos, el oro y de la Luna surgía la plata; el planeta Saturno generaba el plomo y Marte producía el hierro.
Los alquimistas contribuyeron de esta manera al desarrollo de varias habilidades prácticas como lo son la extracción de principios activos de las plantas, los animales y las rocas; las mezclas de los elementos, la ebullición, la condensación, la destilación, la fundición de los metales y la purificación de los elementos que componen las mezclas, procedimientos y experimentación que todavía hoy, claro está con modificaciones, se siguen practicando.
El tema de la alquimia continua en la próxima Cátedra, con la alquimia, la química y la ciencia.
Abel Fernando Martínez Martín
Doctor en Medicina y Cirugía, magíster y doctor en Historia.
Grupo de investigación Historia de la Salud en Boyacá- Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC).