El cacao era para los olmecas, mexicas y los mayas de Mesoamérica el alimento de los dioses, por eso Moctezuma agasajó, en 1520, a Hernán Cortés y a sus soldados con xocolatl, palabra náhuatl de la que deriva chocolate. Moctezuma creía que el conquistador español era la reencarnación del divino Quetzacoalt y, por esto, el clasificador Carlos Linneo, en el siglo XVIII, bautizó la planta americana para la ciencia de occidente con el nombre de theobroma cacao (cacao, alimento de los dioses), ratificando lo afirmado, siglos atrás, por los mesoamericanos, que una variedad, no comestible, era utilizada como moneda.
Centro: India mexicana haciendo chocolate representada en el Códice Tudela de 1553, que se encuentra en el Museo de América de Madrid en España.
Derecha: libro de 1685, de Dufour, Philippe Sylvestre, titulado Deleite a los nuevos y curiosos amantes del café, té y chocolate. Un trabajo necesario también para los médicos y para todos aquellos que aman la salud. Editor, Casa de Jean Girin y B. Rivière. Lyon, Francia.
Se creía hasta hace poco, que el cacao fue domesticado en Mesoamérica; sin embargo, una investigación genómica publicada en Nature Ecology and Evolution mostró que la mayor diversidad del cacao se encuentra en Suramérica, entre las estribaciones de los Andes y la región amazónica del sureste de Ecuador, señalando a esta región como su centro de origen.
El cacao fue domesticado y usado como alimento 1.500 años antes de lo que se pensaba en Mesoamérica. Los investigadores hallaron tres evidencias de que la cultura Mayo-Chinchipe usó el cacao entre los 5.300 y los 2.100 años: presencia arqueológica de granos de almidón del árbol del cacao en la cerámica; teobromina, el alcaloide amargo que se encuentra en el árbol del cacao, pero no en sus parientes silvestres y fragmentos de ADN antiguo del árbol del cacao.
Aunque la primera referencia la hace Colón en Nicaragua, Cortés fue quien introdujo la exótica bebida en la Corte de Carlos V en 1528. El conquistador extremeño lo consideraba una bebida muy apropiada para infundir vigor y lucidez a sus soldados. Fueron las monjas del convento de Guanaca las que descubrieron la fórmula que acabó con el amargo del cacao, pues contenía azúcar, además de canela y vainilla, naciendo el conventual chocolate. Así preparada, la bebida caliente y espumosa, se convirtió en la delicia de los españoles y los criollos del virreinato de la Nueva España y, luego, de la aristiocracia europea.
De alimento tónico y estimulante, rápidamente, el chocolate, se convirtió en un afrodisiaco, basándose en lo escrito por Bernal Díaz del Castillo sobre que Moctezuma tomaba chocolate antes de refocilarse con sus numerosas concubinas. Madame du Barry, en la corte de Francia, lo servía con similares fines a sus amantes y, para Casanova, el chocolate era era más vigorizante que el champán. No es de extrañar que la Iglesia prohibiera a los clérigos su uso y amenazara con la excomunión a quienes lo consumieran. Después entraron en un largo debate sobre, si al ser un líquido, el chocolate no interrumpía el religioso ayuno.
En medicina se usó el chocolate en más de un centenar de usos entre los que se destacan como antitusivo, energizante, como estimulante del apetito, nervioso y cardiaco, galactogogo, laxante, así como hay referencia de su uso en bronquitis, fatiga, insomnio, trastornos digestivos, del climaterio, nerviosos, renales, hepáticos y de la piel; se usó en el estreñimiento infantil, las hemorroides, el dolor de muelas, la migraña y otros dolores de cabeza; y en la restauración de la carne en pacientes demacrados o desnutridos, como antirreumático y en el tratamiento de la melancolía, después llamada depresión.
La manteca de cacao se utiliza para la resequedad de los labios, como un emoliente en la industria farmacéutica y en la elaboración de cosméticos. La jalea de cacao también se utilizó para fabricar medicamentos en forma de jarabe por su papel en el enmascaramiento de las amargas sustancias activas, comercializadas por la industria farmaceútica.
En México, en el siglo XVI, en el Códice Florentino, se identifican las enfermedades para las cuales era utilizado, dolores estomacales e intestinales; y en combinación con otras sustancias vegetales era utilizado para tratar infecciones, aliviar la fiebre, la respiración jadeante y la debilidad del corazón. En la Historia natural de Nueva España, el médico español Francisco Hernández describe su uso como alimento, como febrífugo, antidiarreíco, para los problemas hepáticos y como excitante del apetito venéreo. Administra además el chocolate "con gran provecho a los tísicos, consumidos y extenuados".
Abel Fernando Martínez Martín
Doctor en Medicina y Cirugía, magíster y doctor en Historia.
Grupo de investigación Historia de la Salud en Boyacá- Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC).