Entre 1819 y 1820 llegó a Venezuela un notorio personaje que decía ser médico y ser revolucionario francés; se trataba del pretendido doctor Juan Francisco Arganil (1759-1842), quien hablaba correctamente el castellano, mezclándole, para presumir, palabras del francés, el italiano y el portugués. Nadie sabía nada concreto sobre su origen, su pasado ni sobre su formación médica.
El presunto doctor Arganil, que presumía de haber sido un furibundo jacobino en la Revolución Francesa, razón por la que tuvo que emigrar al caer en desgracia -viajó por varios países, primero por Portugal, donde un pueblo lleva su apellido, luego viajó a América, primero al Brasil portugués, luego estuvo en Buenos Aires, más tarde estaba en las Antillas y de ahí pasó a la tierra firme en Venezuela-, mientras otros sostenían que en realidad era un presidario fugado de la prisión de Cayena. En todo caso, el doctor Juan Francisco Arganil se convirtió en toda una leyenda en los primeros años de historia de la República de Colombia y de la historia de su medicina.
En 1824 apareció el doctor Arganil en Cartagena, donde les solicitó a las autoridades ejercer la medicina, pues se había formado debidamente en la famosa escuela de medicina francesa de la Universidad de Montpellier, aunque no lo podía probar, porque "había perdido los papeles". Las autoridades del departamento del Magdalena decidieron que, "siendo este profesor bien conocido del Gobierno, se le admite uso y ejercicio de su profesión".
Inmediatamente, Arganil colocó un aviso en el periódico informando la autorización y ofreciendo sus servicios: "hace saber que cura radicalmente toda especie de enfermedades venéreas con simples remedios y sin mercurio […] a un precio muy equitativo". Como a todos los embaucadores, le fue bien al principio, pero a los dos años había caído en total desgracia en la ciudad amurallada, de donde tuvo que salir corriendo por sus múltiples fracasos, incluidas varias muertes de sus pacientes. Le revocaron la licencia e impartieron órdenes a los boticarios de no despachar las recetas firmadas por Arganil.
Amigo del vicepresidente Francisco de Paula Santander, a quien atendió y a su familia, el doctor Arganil llegó a Bogotá en 1926, donde solicitó permiso para ejercer la medicina, licencia que le habían quitado los cartageneros, "ciudadanos con cabeza de coco", incapaces de poner en cuestión sus conocimientos médicos. Se nombró un tribunal médico integrado por Benito Osorio, José Joaquín García y Miguel Ibáñez quienes, conociendo la calidad del personaje a examinar, lo sometieron a todo tipo de preguntas durante 15 días.
Arganil recurre nuevamente a su protector Santander, presentándose como perseguido por sus colegas, quien designa conformar un nuevo tribunal para examinar al francés, que se convirtió en todo un espectáculo público en Bogotá. Un testigo escribe en un periódico capitalino: "No sabía responder cuántos huesos tenía la cabeza, que nombres tenían los de los brazos ni cuáles eran los vasos que comunicaban el corazón y los pulmones". El jurado, por unanimidad, dictaminó la absoluta incompetencia del presunto médico francés Arganil.
El problema médico se volvió político, los médicos bolivarianos lo atacaban mientras los santanderistas lo defendían, él utilizaba la prensa para hacerse propaganda: "Mi fama camina por Francia e Inglaterra […] el insecto que quiera apagar la luz se quemará en ella". Protegido por sus partidarios, Arganil ejerció sin problemas la medicina en Bogotá, culpando a su mayor rival, el doctor José Félix Merizalde, de todos sus fracasos terapéuticos y fue, también, catedrático de la Universidad Central, que Santander había fundado en Bogotá, Caracas y Quito.
Sus ataques a Bolívar terminan vinculándolo de pleno con el fallido atentado septembrino en su contra, en Bogotá (1828), por lo que fue juzgado y condenado a ser encarcelado con Santander en las mazmorras cartageneras durante un año. Al salir viajó a Chile y publicó en Valparaíso un libelo contra El Libertador. Muerto Simón Bolívar y disuelta la Gran Colombia, Arganil aprovechó una amnistía que se ofreció y regresó nuevamente a Bogotá, donde vivió 10 años más, aunque en esta ocasión no le permitieron ejercer la medicina. Arganil termina peleándose con su protector Francisco de Paula Santander y muere casi en la indigencia, lejos de la leyenda que había inventado, en Bogotá, en 1842, a causa, dicen sus biógrafos, de un cólico miserere.
Abel Fernando Martínez Martín
Doctor en Medicina y Cirugía, magíster y doctor en Historia.
Grupo de investigación Historia de la Salud en Boyacá- Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC).