El 1 de enero de 1880, el vizconde Ferdinand de Lesseps, con 73 años, tras triunfar en la construcción del canal de Suez, inició la construcción del canal de Panamá. Pese a las altas cifras de mortalidad y morbilidad registradas por los historiadores, la compañía francesa destinó tan solo el 0.5 % del presupuesto a la asistencia hospitalaria y no dejó recursos para realizar campañas de salud pública.
Francia fracasó, se retiró de Panamá derrotado por el trópico y las enfermedades que diezmaron a los trabajadores del canal. Miles de ellos murieron en el fallido intento de Lesseps, a quien llamaron "el gran sepulturero". La obra francesa en Panamá, que llegó a ser calificada como "el mayor fracaso de los tiempos modernos", duró más de una década y costó mucho más que lo que costó la obra del canal de Suez.
El médico del ejército norteamericano Willian Gorgas, el mayor experto en medicina tropical y en fiebre amarilla, calculó que los franceses perdieron en la construcción del canal 22.189 trabajadores, registrando una escandalosa tasa de mortalidad del 25 %, entre los 60.000 enfermos registrados.
Los pasteurianos franceses construyeron hospitales y casas para los funcionarios, pero, al desconocer el modo de transmisión de las enfermedades tropicales, no fueron capaces de diseñar acciones preventivas efectivas al no percatarse de que una malla en la ventana, la fumigación y la eliminación de criaderos de mosquitos hubieran impedido la propagación de la fiebre amarilla y de la malaria. Las industrias más productivas en el Istmo de Panamá, afirma Mc Cullough, "eran las casa de juego, los burdeles y la manufactura de ataúdes".
La administración de la higiene pública francesa durante el período de Lesseps en el canal de Panamá estaba a cargo de la Comisión de Beneficencia, un organismo que era operado por las Siervas de María, un grupo de religiosas católicas vinculadas con la actual orden de San Vicente de Paúl. En el Hospital de Notre Dame du Canal, que fue fundado por los franceses en la colina de Ancón, cerca de ciudad de Panamá, en 1882, las 25 religiosas que lo atendían crearon un jardín rodeado de canales con el fin de proteger las plantas de la plaga de las hormigas arrieras.
Las Siervas de María, además, colocaron pequeños cuencos con agua bajo las cuatro patas de las camas de los enfermos del hospital de Notre Dame du Canal, para impedir que las hormigas arrieras treparan y afectaran a los pacientes hospitalizados, fomentando con la medida contra las hormigas arrieras, sin saberlo, la reproducción de los mosquitos aedes, vectores de la fiebre amarilla. Resultado: 21 de las 25 hermanas y tres de los cuatro ingenieros jefes de la francesa Compañía Universal del Canal Interoceánico fallecieron a causa de la fiebre amarilla.
Gracias a la lección aprendida tras el evidente fracaso francés, los estadounidenses entendieron que la construcción del canal de Panamá debía primero incluir las medidas sanitarias necesarias para enfrentar a la fiebre amarilla, antes de llegar los trabajadores, tras el éxito logrado en la erradicación del mosquito en La Habana por el médico militar William Gorgas, quien escribía, desde La Habana, al general George Sternberg, Cirujano General del Ejército de los Estados Unidos, considerado el padre de la bacteriología en el país: "Si pudiéramos proteger a los obreros que han de participar en la construcción del Canal, como hemos protegido a los habitantes de La Habana, podremos construirlo sin las enormes pérdidas de vida que sufrieron las fuerzas francesas. Opino que los métodos que tan buenos resultados han obtenido en La Habana podrían aplicarse con éxito también en el Istmo".
Abel Fernando Martínez Martín
Doctor en Medicina y Cirugía, magíster y doctor en Historia.
Grupo de investigación Historia de la Salud en Boyacá- Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC).