Gonzalo Jiménez de Quesada y la lepra

Abel Fernando Martínez Martín | 14/09/2025 - 16:59 | Compartir:

El escribano y cronista andaluz Juan Flórez de Ocariz (1612-1692), en sus Genealogías del Nuevo Reino de Granada, hablando del adelantado don Gonzalo Jiménez de Quesada, un siglo después de su muerte y sin dar pruebas al respecto, escribe que al licenciado conquistador "en sus postrimerías le aquejó mal de lepra, que le necesitó a asistir en un desierto, junto a la ciudad de Tocaima […] donde hay un arroyo de agua de fastidioso olor de pasar por minerales de azufre, con cuyos baños descansaba". Esta es la primera referencia que se hace de la lepra del conquistador granadino, que falleció en Mariquita el 16 de febrero de 1579, a los ochenta años.

Gonzalo Jiménez de Quesada y la lepra
Ruinas de la casa en que murió en Mariquita el 16 de febrero de 1579, a los 80 años, el adelantado Gonzalo Jiménez de Quesada: representación que aparece en la obra del viajero español del siglo XIX José María Gutiérrez de Alba (1822-1897), Impresiones de un viaje a América. Tomo X, en el aparte: Excursión a Mariquita del 27 de mayo al 4 de junio de 1874. Tres siglos después de su muerte solo quedaban ruinas de lo que fuera su casa en Mariquita.

De aquí en adelante, todos los historiadores repiten lo dicho por Flórez de Ocariz, pero, desde el principio quedaron muchas dudas, como lo consigna a finales del siglo XVII el fraile dominico santafereño Alfonso de Zamora  (1635-1717) en su Historia de la provincia de San Antonio del Nuevo Reino de Granada: "sólo el famoso Hernán Cortés y nuestro adelantado don Gonzalo Jiménez de Quesada murieron en cama con los sacramentos, aunque señalado Quesada con la muerte de lepra, que se ha visto raras veces en estas tierras". 

Es verdad, pocos conquistadores se dieron el lujo de morir en la cama como Jiménez de Quesada y la lepra es una enfermedad que se veía raramente en estas tierras en esa colonial época y que no conocían los aborígenes americanos hasta la llegada de europeos y africanos, que la padecían.

En su testamento, el licenciado Gonzalo Jiménez de Quesada declaró que moría en suma pobreza y endeudado. Dispuso, además, que lo enterrasen en la iglesia parroquial con el epitafio: Expecto resurrectionem mortuorum. Su albacea, de acuerdo con el testamento, trasladó sus huesos a Santafé en 1597, ocho años después de producirse su muerte, depositando los restos óseos primero en la iglesia de la Veracruz, de donde los llevaron en solemne procesión hasta la Catedral, acompañados con el clero secular y el regular, el presidente, la Real Audiencia, los tribunales y una gran concurrencia. Sepultaron sus huesos en el presbiterio, en el lado de la epístola. Es claro, que todo lo anteriormente descrito no se hubiera hecho si el licenciado Gonzalo Jiménez de Quesada hubiera sido un enfermo de lepra.

Otra prueba al respecto que se aporta es que don Gonzalo Jiménez de Quesada solicitó, en 1562, a fray Juan de los Barrios, el primer arzobispo que tuvo Santafé, le eximiera de la obligación de contraer matrimonio, lo que se le ordenaba a todos los encomenderos del Nuevo Reino, por no tener el adelantado ni la edad para casarse ni tampoco tener la salud pues, enfermo de asma, "hacer vida maritable con mujer", consideraba Don Gonzalo, sería equivalente a abrirse la sepultura. 

Dos médicos certificaron la edad sexagenaria del adelantado y el asma que lo salvaron del matrimonio a los 63 años con sus testimonios. Y no se menciona a la lepra por ninguna parte, 17 años antes de su muerte, con dos médicos que ejercen como testigos, pues, además, la lepra sería una clara disculpa para eximir al adelantado del matrimonio; pero no habla de lepra y sí de asma en su solicitud el viejo y enfermo Gonzalo Jiménez de Quesada: "Hace más, de veinte años que estoy enfermo de asma, enfermedad tan contraria a la cópula […] y hacer ahora vida maridable con mujer es un abrirme notoriamente la sepultura, y la edad y el impedimento son ambas notarias en mí".  Un testigo consigna en su declaración, "que el celibato es saludable al dicho Adelantado", otro testigo afirma que Jiménez de Quesada "no está en edad para casar" a esas alturas de su vida, otro afirma lo mismo, que "si se casara y cohabitase con su mujer que sería gran causa para que le acortar la vida" y otro afirma que la enfermedad y edad del adelantado son causas "bastantes para no se casar". En documentos posteriores en que habla de sus enfermedades, uno de ellos dirigido al rey de España, tampoco menciona a la lepra.

El que varios siglos después, en la misma zona que habitaban los caribes Panches, al lado del río Bogotá, se creó el principal Lazareto de Colombia en los siglos XIX y XX, el Lazareto de Agua de Dios, cerca de Tocaima, en Cundinamarca, asoció la región al imaginario de la lepra en Colombia, perpetuando el mito de la lepra de Gonzalo Jiménez de Quesada. 

Enviado por el médico noruego Gerhard Henrick Armauer Hansen, que descubrió el Mycobacterium leprae en 1873, el Doctor Sauton consideraba que las estadísticas de leprosos en Colombia, a principios del siglo XX, eran muy exageradas y que, a menudo, se consideraban en el país como leprosos a individuos que padecían de enfermedades como "sarna, sífilis o múltiples dermatosis, frecuentes en estos climas, que se confunden con la lepra".

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Abel Fernando Martínez Martín

Doctor en Medicina y Cirugía, magíster y doctor en Historia.
Grupo de investigación Historia de la Salud en Boyacá- Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC).

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