El emparamamiento del Ejército Libertador en el Páramo de Pisba

Abel Fernando Martínez Martín | 04/06/2018 - 05:48 | Compartir:

Para llegar al corazón del Reino, el Ejército Libertador tenía que atravesar la Cordillera Oriental de los Andes, lo que implicaba un ascenso rápido de 3.000 metros, a través del frío paso del páramo de Pisba. En Morcote, Bolívar escribe a Santander sobre la falta de alimentos: "Hoy no comerá esta división y quién sabe si sucederá mañana lo mismo (…) no es prudente emprender el camino que nos falta sin tener los vivieres necesarios". Días más tarde, Santander afirma que la caballería pasó el páramo de Pisba y llegó a Socha: "sin un caballo, sin monturas y hasta sin armas, porque todo estorbaba al soldado para volar y salir del páramo; las municiones quedaron abandonadas. En la alternativa de morir víctimas del frío, preferían encontrarse con el enemigo en cualquier estado. El ejército era un cuerpo moribundo".

El emparamamiento del Ejército Libertador en el Páramo de Pisba
Paso del ejército libertador por el Páramo de Pisba”, óleo del maestro Francisco Antonio Cano. 1922. Casa Museo Quinta de Bolívar, Bogotá.

La división inglesa Albión, que al salir contaba con 150 hombres a las órdenes del coronel Rook, cuando llegó a la entrada del páramo estaba maltratada y enferma y tenía bastantes bajas. Soublette, le escribe al Libertador, el 11 de julio: "Los ingleses están medio muertos, pero allá irán; pasado mañana pasarán el Páramo, y en las Quebradas contaremos los que salgan". El 14 hacen la travesía con Soublette, pero "una cuarta parte de los soldados y dos oficiales perecen durante la marcha". Sólo el 22 de julio llega Rook a Bonza con su División a incorporarse al ejército. La columna quedó reducida a menos de cien hombres. El padre Gallo narra que volvió con el Libertador a Tasco donde: "encontramos muchos ingleses, en un estado tan miserable que nos conmovió a todos". O'Leary relata: "Los soldados que habían recibido raciones de carne y arracacha para cuatro días, las arrojaban y sólo se cuidaban de su fusil. Tarde de la noche llegó el ejército al pie del Páramo de Pisba y acampó allí; noche horrible aquella, pues fue imposible mantener lumbre por no haber en el contorno habitaciones de ninguna especie y porque la llovizna constante acompañada de granizo y de un viento helado y perenne, apagaba las fogatas. En la marcha caían repentinamente enfermos muchos de ellos y a los pocos minutos expiraban. La flagelación se empleó con buen éxito en algunos casos para reanimar a los emparamados" Vawell añade: "El cansancio y el frío, añadidos al estado de debilidad en que se encontraban los soldados faltos de suficiente alimento, empezaron a dar resultados. Era casi imposible impedir que se tumbasen a causa del excesivo sopor que experimentaban. Este sopor es casi siempre como un síntoma precursor de la muerte". El 7 de julio el Libertador, desde Socha, hace regresar al coronel Lara a auxiliar a Soublette, quien había quedado a retaguardia y le hace, la siguiente recomendación: "Ver si pueden socorrer los soldados que hayan quedado emparamados, sepultando los que indudablemente están muertos y sacando los que den alguna esperanza de vida. Debe usted saber que muchos días después de emparamado un hombre ha vuelto a la vida, por medio del calor y de los alimentos". El beber de los manantiales del páramo y el brandy que llevaban consigo los ingleses se emplearon con éxito en la reanimación de los emparamados, así como una abrigadora ruana y el empleo de la chicha. 

O’Leary afirma que el consumo de agua fría del páramo produjo diarrea en los llaneros y cuenta cómo el Ejército en Socha recibió hospitalidad y provisiones: "Pan, Tabaco y Chicha, bebida hecha con maíz y melado, recompensaron las penalidades sufridas por la tropa. La caballería llegó sin un caballo y las provisiones de guerra yacían en el tránsito, las tropas estaban sin vestido, los hospitales llenos y el enemigo a pocas jornadas". Después de los rigores del páramo, las tropas se revitalizan por la llegada a los fértiles valles del Chicamocha, donde recibieron alimento y abrigo y se produjo la recuperación de la tropa internada en los hospitales. Tenían abrigo, vestido, techo y comida, que los habitantes de la Provincia de Tunja les ofrecen a las tropas medio muertas. Gallo narra: "llegaron al campamento patriota muchas cargas de víveres e infinidad de mujeres con canastos repletos de pan, bizcochos, postres y frutas".

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Abel Fernando Martínez Martín
MD, Mgs y Doctor en Historia. Profesor asociado de la Escuela de Medicina de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC) y director del Grupo de investigación 'Historia de la Salud en Boyacá' de la UPTC.