Enfermedad y muerte de Bernardino de Almansa, arzobispo de Santafé 

Abel Fernando Martínez Martín | 04/01/2026 - 14:22 | Compartir:

La enfermedad y muerte de Bernardino de Almansa se enmarcan en la doble epidemia, de viruela y tabardillo (tifus exantemático), que asoló el Nuevo Reino de Granada en la cuarta década del siglo XVII. Almansa fue la más ilustre de las víctimas de la epidemia de tabardillo que conmocionó al altiplano del Reino. La primera población afectada por la peste fue Facatativá. 

Enfermedad y muerte de Bernardino de Almansa, arzobispo de Santafé 
Óleo anónimo del criollo arzobispo de Santafé Don Bernardino de Almansa, que se encuentra en Chiquinquirá y fue pintado en el barroco siglo XVII, con el cuadro de la Virgen de Chiquinquirá de Antonio Acero de la Cruz, arriba, al fondo y, en la imagen de la derecha, el frontispicio del Epítome Breve de la Vida y Muerte del Ilustrísimo Doctor Don Bernardino de Almansa; obra escrita por el bachiller Pedro de Solís y Valenzuela, que fue impreso en Lima, donde nació el arzobispo Don Bernardino de Almansa, en el año de 1646.

José Manuel Groot lo relaciona con el presidente de la Real Audiencia, Sancho Girón, marqués de Sofraga y el enfrentamiento que tuvo con el arzobispo Almansa. En Facatativá empezaron las hostilidades por parte del presidente y de ese pueblo “salió la epidemia más cruel que ha visto la Nueva Granada. Llamaban entonces tabardillo a aquel mal. No se le ha vuelto a ver tan contagioso, tan general, ni tan mortífero y tenaz como entonces”. La ira divina fue la causa de la mortal epidemia, los atribulados habitantes creían que la peste se debía a los incidentes que enfrentaron al presidente y al arzobispo.

Pedro de Solís y Valenzuela titula el capítulo VIII del Epítome Breve de la Vida y Muerte del Ilustrísimo Doctor Don Bernardino de Almansa: “Del Castigo General de peste que envió Nuestro Señor a Santa Fe y su provincia”. Sostiene que la ira divina fue la causa: “El hambre, la guerra y la peste son efectos de la ira de Dios […] Santa Fe fue castigada con general peste en toda su provincia, por rebeldes a su Prelado”.

Bernardino de Almansa Carrión, criollo natural y graduado en Lima, pasó a España, fue inquisidor de Calahorra y después nombrado arzobispo de Santo Domingo, pero antes de salir de España fue promovido al Nuevo Reino. “Entró a Santafé en su caballo blanco con aderezos y gualdrapas de terciopelo carmesí”, la ciudad le hizo un ostentoso recibimiento. Fue un arzobispo conflictivo que tuvo problemas con la Audiencia, el visitador y los religiosos. 

Don Sancho Girón fue también conflictivo. Se encontraron, en torno a las competencias dentro del Real Patronato. Los comparan con dos pavos reales, uno noble español, otro criollo del barroco siglo XVII, en que se enfrentaron el bando criollo, liderado por Almansa, al que se afilian los hermanos Solís y Acero de la Cruz, criollos santafereños, y el de la nobleza española al mando del marqués de Sofraga. 

Antes de la navidad de 1632 partió Almansa de Santafé para visitar su arzobispado. Llegó a Pamplona el 28 de marzo de 1633. A causa de la epidemia, viajó Almansa de regreso a Tunja, donde se enfermó de tabardillo y pasó a la villa de Leiva a atemperar, pero muere a los pocos días. Tunja solicitó al párroco de Chiquinquirá, Gabriel de Rivera Castellanos, nieto de Juan de Castellanos, la imagen de la Virgen de Chiquinquirá, para traerla otra vez a Tunja, como en la epidemia de 1587, para apaciguar la devastadora peste que la asolaba. Rivera Castellanos se negó y Almansa le ordenó dejar salir la imagen y llevarla a Tunja.

Solís, en el Epítome de Almansa, a quien da categoría de santo, anota que mientras en Santafé crecía la epidemia, menguaba en Tunja, que presentaba conocida mejoría tras el solemnísimo novenario iniciado por Almansa para pedir el fin de la peste. El tabardillo afectó a indígenas, esclavos, españoles, criollos y castas. Almansa esperó en Tunja la taumatúrgica imagen, enfermó de tabardillo y lo trasladaron a Leiva “tierra de sano temple, buenas aguas, muy arbolada de naranjos”. Almansa dijo que era superflua la diligencia, porque “aquella enfermedad sería la última de su vida”. 

En su visita pastoral el arzobispo adquiere los piojos que le trasmitirán el tifus exantemático, cuyos primeros síntomas se manifiestan al finalizar el novenario a la Virgen de Chiquinquirá en la iglesia mayor de Tunja, antes de enviar el cuadro a Santafé. En Leiva se hospedó en la casa del padre Francisco Rincón, futuro fundador del convento de carmelitas descalzas. Almansa falleció en un aposento de la casa del padre Rincón que se convertiría en el coro alto del convento. 

Reorganizó Almansa su testamento y le dio 200 ducados al hospital de Leiva, 200 al hospital de la Purísima Concepción de Tunja y 1.000 al de Santafé. Ordenó, además, dar dos mil misas por su alma y “trasladar sus huesos a España, al convento de Jesús, María, Joseph, en Madrid”. Murió el arzobispo víctima del tabardillo “en la villa de nuestra Señora de Leyva, el 17 de septiembre de 1633”, escribe Solís y Valenzuela, murió con gran fama de santidad.

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Abel Fernando Martínez Martín

Doctor en Medicina y Cirugía, magíster y doctor en Historia.
Grupo de investigación Historia de la Salud en Boyacá- Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC).

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