Identifican cuarenta genes relacionados con la conducta agresiva

Estudio internacional publicado en la revista Molecular Psychiatry.

Redacción 09/07/2018 - 16:34 | Compartir:

Un estudio internacional, publicado en la revista Molecular Psychiatry, identificó cuarenta genes relacionados con la conducta agresiva en humanos y en ratones. No obstante, destaca que el origen de la conducta violenta es multifactorial y responde a la interacción de diversos factores, biológicos, culturales, sociales, entre otros, que pueden modular la expresión del comportamiento humano.

Identifican cuarenta genes relacionados con la conducta agresiva
Noèlia Fernàndez Castillo y Bru Cormand.
*Fotografía de la Universidad de Barcelona.

La investigación, dirigida por el experto Stephen V. Faraone, de la Universidad Estatal de Nueva York (Estados Unidos), aporta una visión más profunda e integradora sobre la base genética de la agresividad y las vías funcionales comunes que modulan el circuito cerebral de la conducta violenta en especies distintas.

Humanos y ratones comparten una base genética común para el comportamiento violento, apuntan los autores. En concreto, se han identificado cuarenta genes en humanos y ratones que pueden conferir riesgo de conductas agresivas "y que participan en procesos biológicos relacionados con el desarrollo y la función del sistema nervioso central, la señalización intercelular y el mantenimiento de las funciones celulares", detalla la investigadora Noèlia Fernàndez Castillo, del Instituto de Biomedicina de la Universidad de Barcelona (IBUB), el Instituto de Investigación Sant Joan de Déu (IRSJD) y el Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Raras (CIBERER).

"Es probable que algunos genes determinados funcionen como nodos importantes de las redes génicas de predisposición al comportamiento violento, y probablemente estarían muy relacionados con otros genes con un papel más secundario", añade la investigadora. "Si alguno de estos genes centrales está alterado, podría afectar al resto de genes y dar lugar al fenotipo agresivo", indica y añade: "Por ejemplo, el gen RBFOX1, identificado en el nuevo trabajo y citado en un artículo anterior de nuestro equipo (European Neuropsychopharmacology, 2017), regula la expresión de quince de los cuarenta genes que hemos identificado en el estudio".

Un rasgo conservado a lo largo de la evolución

Como explica el profesor Bru Cormand, jefe del Grupo de Investigación de Neurogenética en la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona (UB), "la agresividad es un rasgo conservado a lo largo de la evolución biológica porque tiene ventajas para la supervivencia de las especies (acceso a recursos, apareamiento, etc.)". "En esta línea, nuestro estudio se centra en las bases biológicas de la agresividad, es decir, en aquellos factores endógenos que predisponen a manifestar determinados comportamientos antisociales", añade.

Subraya Cormand que "la agresividad también tiene un componente ambiental muy significativo, que no ha sido considerado en este trabajo científico". "Sería interesante, por tanto, poder combinar datos genéticos y ambientales de los mismos individuos para tener en cuenta las interacciones que pueden producirse entre los distintos factores de riesgo que influyen en este tipo de conducta".

Del TDAH a la depresión mayor

La investigación también revela una base genética compartida entre la agresividad de niños y adultos y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), y entre la agresividad en adultos y la depresión mayor (MDD). En cambio, no se ha constatado ninguna correlación genética con otros trastornos psiquiátricos, tales como esquizofrenia, trastorno bipolar, autismo o estrés postraumático, por lo que todo indica que estas patologías no compartirían factores genéticos de riesgo con la agresividad.

El protocolo experimental del nuevo estudio combina varios análisis que evalúan las bases genéticas de la agresividad desde perspectivas diferentes. En el caso de los humanos, se han analizado diversos estudios de asociación, entre pacientes y voluntarios sanos, a escala genómica (GWAS), para identificar variantes genéticas de riesgo que son frecuentes en la población general, y también datos transcriptómicos que señalan alteraciones de la expresión génica asociadas a determinados fenotipos agresivos. 

Abordar de forma global las vías funcionales implicadas en la conducta violenta ha permitido conocer con mayor detalle los mecanismos moleculares que operan tras la agresividad. "La constatación más relevante del estudio es que muchos genes se relacionan con la agresividad de acuerdo con los resultados de metodologías experimentales muy distintas, lo que refuerza la idea de que participan en este perfil de comportamiento", subrayan Cormand y Fernàndez Castillo, que son miembros del consorcio internacional multidisciplinar Aggressotype para el estudio de las causas biológicas y ambientales de la agresividad.

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