Santa Librada, patrona de los partos difíciles y de la Independencia I

Abel Fernando Martínez Martín | 21/01/2019 - 08:53 | Compartir:

La desaparición de los símbolos de la monarquía hispánica tras la Independencia generó un vacío simbólico. La construcción de las comunidades nacionales tuvo que recurrir a nuevos símbolos para dar de legitimidad a los nuevos regímenes políticos y a sus ejércitos. El caso de Santa Librada, virgen y mártir, patrona de los partos difíciles, es sintomático. Su escultura permaneció casi un siglo en la iglesia del convento hospital de san Juan de Dios de Santafé, destinada a auxiliar a las embarazadas en los partos difíciles y luego se vio elevada a patrona de la Independencia de Cundinamarca, es decir, santa patrona del Centralismo, debido a que su fiesta se celebraba el 20 de julio, Día de la Independencia.

Santa Librada, patrona de los partos difíciles y de la Independencia I
Estatua policromada de Santa Librada de Escuela Quiteña que estuvo en el Hospital de San Juan de Dios de Bogotá desde el siglo XVIII, hoy en el Museo 20 de Julio, Casa del Florero, Bogotá, imagen destinada a auxiliar a las embarazadas en los partos difíciles que luego se vio elevada a patrona de la Independencia de Cundinamarca, es decir, santa patrona del Centralismo, debido a que su fiesta se celebraba el 20 de julio, el Día de la Independencia.

La particular historia del martirio de la santa ibérica sirvió pedagógicamente para explicar el movimiento de separación de la metrópoli y fue usada por los partidarios de Nariño para exaltar los valores del presidente. Librada nació en el año 119 de nuestra era, en Galicia, cuando Hispania era provincia del Imperio Romano. Su madre, Calcia, dio a luz en un parto múltiple a nueve criaturas, todas niñas, lo que vio como peligroso pensando que pudiera granjearle serios problemas con su esposo Lucio Catelio, por entonces, Pretor romano de Galicia y Lusitania que, durante el embarazo de su mujer, fue trasladado a Tarragona en 119. 

El parto múltiple era considerado un oprobio, una monstruosidad. Los autores clásicos relacionan el exceso de fertilidad con la animalidad y la infidelidad. Calcia, le entregó las nueve niñas a Sila, doncella que la había asistido en el parto para que las arrojara al río Miño, para que se ahogaran, ocultando a los ojos de su marido el parto múltiple y solucionando el problema mediante el infanticidio, que no era una práctica extraña. Sila, cristiana, se abstuvo de cumplir la cruel orden y bautizó a las nueve en las aguas del Miño, ocultándolas en Bayona de Tuy, donde residía un grupo de primitivos cristianos.

En la juventud, las nueve mujeres fueron puestas bajo la protección del obispo de Braga, san Ovidio, quien las reunió en una comunidad femenina, en la que las nueve hermanas tomaron el voto de castidad y permanecían enclaustradas, en constante oración. Por orden del emperador de Roma, llegaron envidados a Galicia, con la orden de iniciar la persecución de los cristianos y extinguir sus prácticas religiosas. Los enviados del emperador apuntaron primero hacia ellas, ordenando al pretor, encargado de aplicar justicia, su sacrificio. Al llevarlas ante el pretor, las nueve doncellas se presentaron como esposas de Cristo y como hijas del desconcertado Pretor quien, sorprendido por la declaración de sus hijas llamó a su esposa Calcia, quien confirmó la noticia, abrazando el padre a sus hijas y suspendiéndose el acto de justicia romana. El Pretor trató de convencerlas para que abandonaran el cristianismo que perseguía Roma, pero unánimemente se rehusaron. Lucio Catelio les ofreció convertirse en castas sacerdotisas de Diana, ante lo cual Librada le contestó que preferiría antes el martirio que renegar de la Fe. El padre, desilusionado, ofendido y furioso, las encerró en prisión. 

Las mártires dispuestas al sacrificio decidieron escapar de la prisión paterna, separarse y morir en manos de otros tiranos y no de su propio padre, deseo que terminó cumpliéndose en distintos lugares. Librada se retiró a vivir con otros cristianos a un bosque donde los adoctrinó y allí fueron luego capturados por el tirano de Anphiloquia (Ourense), quien la sometió a tortura para hacerla renegar de su fe. Al fracasar, el tirano la condenó a ser crucificada y Librada, con 20 años, se regocijo de morir en la cruz como Cristo, siendo la primera mujer que fue crucificada. Tras padecer los más brutales tormentos, la mártir cristiana fue crucificada en Castelo Branco, en la provincia de Lusitania, actual Portugal, en el 139. Su cuerpo se conserva en la catedral de Sigüenza, donde tiene una capilla, a donde fue llevado en el siglo XII. 

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Abel Fernando Martínez Martín
MD, Mgs y Doctor en Historia. Profesor asociado de la Escuela de Medicina de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC) y director del Grupo de investigación 'Historia de la Salud en Boyacá' de la UPTC.