La Batalla de Solferino, nacimiento de la Cruz Roja

Abel Fernando Martínez Martín | 02/01/2019 - 11:48 | Compartir:

El 24 de junio de 1859, Italia fue escenario de una de las batallas más crueles de la historia, la batalla de Solferino. Para liberar el territorio italiano de la dominación austriaca, una alianza de franceses e italianos se enfrentaron al ejército de Austria. Los efectivos en combate eran 320.000 hombres y 900 piezas de artillería; la línea de batalla tenía 28 km de extensión, la batalla duró más de quince horas.

La Batalla de Solferino, nacimiento de la Cruz Roja
El primer premio Nobel de Paz, Henry Dunant y su obra Recuerdo de Solferino, que ilustra un óleo sobre la batalla de 1859, de Carlo Bossoli.

"El ejército austriaco hubo de soportar, tras la difícil y fatigosa marcha de toda la noche del 23, el violento choque del ejército aliado, y padecer después el excesivo calor de una temperatura sofocante, así como el hambre y la sed, pues la gran mayoría de aquellas tropas no había tomado alimento alguno. El ejército francés no había tomado más que el café de la mañana. Al finalizar esta terrible batalla era total el agotamiento de los combatientes, ¡sobre todo el de los desdichados heridos! (…) La lluvia a cántaros, la granizada, los relámpagos, los truenos y la oscuridad que invade el campo de batalla obligan a suspender, tanto encarnizamiento. Comenzaban a entrar en Villafranca los primeros convoyes, integrados por heridos leves, a quienes seguían los soldados más gravemente heridos y, durante toda esa tan triste noche, fue enorme la afluencia; los médicos vendaban sus heridas, los reconfortaban dándoles algo de comer y los enviaban en ferrocarril, a Verona. Aunque el ejército recogía en su retirada, a todos los heridos que podía transportar en sus vehículos y en carretas requisadas, ¡cuántos desdichados yacían abandonados sobre la tierra humedecida por su sangre! (…) Instalaron ambulancias provisionales en alquerías, casas, iglesias y conventos de los alrededores, incluso al aire libre, a la sombra de los árboles, donde los oficiales heridos por la mañana, después los suboficiales y los soldados, fueron someramente asistidos (…) El sol del día 25 alumbró uno de los más espantosos espectáculos que puedan ofrecerse a la imaginación. Todo el campo de batalla está cubierto de cadáveres de hombres y de caballos; los caminos, las zanjas, los barrancos, los matorrales, los prados están sembrados de cuerpos muertos." El impacto de las balas cilíndricas hace que los huesos se esquirlen. Esquirlas de toda índole, fragmentos de hueso, retazos de vestimenta, partículas de objetos de equipo o de calzado, tierra, trozos de plomo complican e irritan las heridas y duplican los sufrimientos. Fueron necesarios tres días, con sus noches, para enterrar los cadáveres del campo de batalla.

"En caseríos, iglesias, conventos, viviendas, plazas públicas, corrales, calles, paseos, todo se ha convertido en ambulancias provisionales; en todos los alrededores se reúne un considerable número de heridos, pero los más de ellos son trasladados a Castiglione". El hospital de Castiglione, la iglesia, el claustro y el cuartel de San Luigi, la iglesia capuchina, la gendarmería, así como las iglesias estaban llenas de heridos, que allí se hacinaban y yacían sobre paja. Son tantos los convoyes que los heridos mueren de hambre y sed; hay hilas en abundancia, pero no manos para aplicarlas a las heridas; "la mayoría de los médicos del ejército fue a Cavriana, escasean los enfermeros y faltan brazos (…) Brescia se ha transformado en un grandísimo hospital: sus dos catedrales, iglesias, palacios, conventos, colegios, cuarteles, en dos palabras, sus edificios están atestados de víctimas de Solferino; de la noche a la mañana, se improvisaron quince mil camas. 40 edificios, iglesias u hospitales albergan, a cerca de veinte mil heridos y enfermos. La población de Brescia casi se duplicó, con la llegada de treinta mil heridos o enfermos." 140 médicos secundados por estudiantes de medicina y voluntarios los atendieron. "Como resultado de la jornada del 24 de junio de 1859, hubo, muertos o heridos, de los ejércitos austríaco y franco-sardo, 3 mariscales de campo, 9 generales, 1.566 oficiales y unos 40.000 soldados o suboficiales. Dos meses después, había que añadir, más de 40.000 calenturientos y muertos de enfermedad". La Batalla de Solferino brindó al suizo Henry Dunant, forastero en Italia la oportunidad de mitigar el sufrimiento de miles de militares heridos. Sin medicamentos, vendas y preparación para atenderlos, Dunant les asiste, sin distingo de nacionalidad.

Dunant escribe Recuerdos de Solferino, de donde provienen los textos citados, en donde se establecen las ideas que dan origen a la Cruz Roja, con la fundación en cada país de Sociedades Voluntarias de Socorro, que se preparan en tiempo de paz y actúan en tiempo de guerra, formadas con personal voluntario. Solferino fue la primera vez que un grupo de civiles organizados, actúan en la atención a los heridos de guerra. Henry Dunant no paró hasta ver desarrollada su idea de una organización no militar, humanitaria y neutral para recoger y salvar a la mayor parte de los heridos, sea cual fuere su ejército. El 9 de febrero de 1863, La Sociedad Ginebrina de Utilidad Pública, constituye el Comité de los cinco. Ocho meses más tarde invitaban a los gobiernos de 16 países a una Conferencia Internacional en Ginebra, nace el Comité Internacional de la Cruz Roja. Por su labor humanitaria, en 1901, se le concedió a Dunant el primer Premio Nobel de la Paz.

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Abel Fernando Martínez Martín
MD, Mgs y Doctor en Historia. Profesor asociado de la Escuela de Medicina de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC) y director del Grupo de investigación 'Historia de la Salud en Boyacá' de la UPTC.