La cesárea en la antigüedad 

Abel Fernando Martínez Martín | 26/07/2026 - 14:53 | Compartir:

La cesárea es una intervención quirúrgica mayor en la que se realiza una incisión con el fin de abrir la pared abdominal y el útero para sacar el feto, que se encuentra alojado en su interior. Su objetivo es asegurar la vida del recién nacido ante un parto difícil. La idea del nacimiento del niño a través de la pared abdominal de la madre data de tiempos mitológicos. 

La cesárea en la antigüedad 
Arriba a la izquierda: cesárea atendida por un médico y dos matronas en el Canon de Avicena, siglo XIII. Biblioteca Municipal de Besançon, Francia. Arriba, derecha: Nacimiento de Julio César, siglo XIV. Biblioteca Nacional de Francia, París.
Abajo a la izquierda: Anónimo 1473-1476. Medieval depiction of Caesarian birth. British Library de Londres.
Abajo a la derecha: Nacimiento de César, manuscrito medieval de 1301. British Library de Londres.

Según la mitología griega, tanto el nacimiento de Asclepio, el dios de la medicina, el Esculapio de los romanos, como el del divino Dionisio, el Baco romano dios del vino y del éxtasis, fueron nacimientos por cesárea, tras la muerte de las respectivas madres víctimas de los dioses griegos, Coronis y Sémele. También relacionan las mitologías orientales, la cesárea, con los nacimientos de Bramha y de Buda.

En los primeros tiempos, la cesárea no persiguió la supervivencia de la madre, que solo se logró muchos siglos después, hasta la aparición de la anestesia y de la antisepsia. La cesárea fue, en la antigüedad, una operación postmortem que se llevaba a cabo al morir la madre, con el fin de extraer la criatura del vientre de la fallecida y, en el caso de los cristianos, poder bautizarla. 

Si tenemos en cuenta el gran número de complicaciones alrededor del difícil parto del erguido Homo Sapiens y la preocupación de los cristianos por asegurar que todos sus miembros fueran bautizados para alcanzar la salvación eterna, hizo que la práctica de la operación cesárea fuera frecuente en los primeros siglos de nuestra era.

Etimológicamente, el nacimiento de una criatura por corte de la pared abdominal proviene del verbo latino caedere, que significa cortar. A los recién nacidos por esa vía se les denominó cesones o caesares en la Roma Imperial, donde se destacan dos legendarias versiones sobre el origen de la cesárea. 

La más popular es la del nacimiento de Cayo Julio César en el siglo I antes de nuestra era, quien, según el enciclopedista romano Plinio el Viejo, vino al mundo y llevó su nombre por su nacimiento mediante cesárea. El hecho de que su madre viviera muchos años después del hecho prueba la improbabilidad de la extracción abdominal y lo relaciona con el mito del "parto inmaculado", sin macha, de las divinidades, entre las que se encontraba el César del Imperio Romano. En conclusión, ni la palabra cesárea tiene que ver con el emperador romano Julio César, ni este vino al mundo por la vía que permite esta técnica quirúrgica.

Las otra versión es la Ley Regia de Numa Pompilio, el sucesor de Rómulo y segundo rey de Roma, que fue promulgada en el año 715 antes de nuestra era y que impedía inhumar a la mujer embarazada muerta, sin haber sacado previamente al niño si éste estuviera vivo, mediante una incisión abdominal. 

Antes del año 1500, el Islam se oponía a la práctica de la cesárea. Sin embargo, en tiempos de Numa Pompilio no se consideraba ser humano al feto por nacer, es probable que la cesárea postmortem no fuera práctica común hasta más avanzado el poder del cristianismo, lo que queda evidenciado ya que ni Hipócrates de Samos, de los siglos V y IV antes de nuestra era; ni el enciclopedista que trata de medicina, el romano Celso, de los siglos I antes a I después de nuestra era; ni el primer ginecólogo, Sorano de Éfeso, de los siglos I y II; ni el mismo Galeno de Pérgamo del siglo II de nuestra era, el sintetizador de la medicina antigua, mencionan a la cesárea en sus tratados médicos.

Hasta el siglo XVI, la operación cesárea se practicó solo en la madre muerta. Desde el Digesto y en los concilios de Colonia (1280), Viena (1311-1312), Langres (1404), París (1557) y Sens (1574), la iglesia se pronunció sobre la cesárea y sobre el bautismo, declarando obligatoria la cesárea de la madre muerta, siempre y cuando el niño se mantuviera con vida. 

El concilio de Fráncfort del Main, ya en el siglo XVIII, (1786) dispuso que fuera abierto el vientre de la embarazada muerta “prescindiendo de la mayor o menor proximidad del parto” y esto quedaba “a juicio del médico”, pero muy pocos niños vieron la luz con vida por medio de este procedimiento. Lo infrecuente de la supervivencia fetal fue debido, generalmente, a la demora en la decisión de la extracción del feto.

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Abel Fernando Martínez Martín

Doctor en Medicina y Cirugía, magíster y doctor en Historia.
Grupo de investigación Historia de la Salud en Boyacá- Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC).

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