El auge de los procedimientos estéticos ha traído consigo un peligro silencioso: el uso de materiales no aprobados que ponen en riesgo la vida y la salud.
Los tratamientos estéticos se han popularizado a nivel global, impulsados por la búsqueda de mejoras en la apariencia física y la propagación de estándares de belleza. Según los resultados de la Encuesta Global Anual de 2024 sobre Procedimientos Estéticos/Cosméticos de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS), se realizaron más de 17,4 millones de procedimientos quirúrgicos por parte de cirujanos plásticos y 20,5 millones de procedimientos no quirúrgicos, así mismo, indica que, en los últimos cuatro años, el aumento general ha sido del 42,5 %.
Sin embargo, esta tendencia también ha traído consigo un aumento preocupante en el uso de materiales no aprobados por las autoridades de salud, como los biopolímeros, aceites industriales y siliconas líquidas. El uso de estas sustancias representa un riesgo significativo para la salud pública, pues puede generar reacciones adversas severas, infecciones, deformidades y, en casos extremos, la muerte. En este contexto, la educación, la regulación y la elección de profesionales certificados se constituyen en pilares esenciales para garantizar la seguridad de los pacientes y prevenir consecuencias irreversibles.
En este escenario, una de las consecuencias del uso de dichos materiales no aprobados más recurrentes es el retiro de biopolímeros, una intervención que cada vez más personas buscan como solución a los daños causados por estas sustancias.
Los biopolímeros fueron promovidos en el pasado como materiales seguros y duraderos para aumentar el volumen corporal. No obstante, con el tiempo se ha evidenciado que el organismo no los asimila, sino que los encapsula o los rechaza, desencadenando procesos inflamatorios, infecciones crónicas y deformidades progresivas.
Es tal la preocupación en materia de salud pública por el uso de dichas sustancias que, en el año 2023, el Gobierno de Colombia promulgó la Ley 2316 de dicho año, por medio de la cual penalizó el uso indebido de biopolímeros u otras sustancias modelantes no permitidas, añadiendo al Código Penal penas de prisión y multas a las personas que realizan dichas prácticas, aumentando la severidad de éstas si son cometidas por profesionales de la salud.
Frente a esta normativa, la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica, Estética y Reconstructiva (SCCP) ha indicado que “esta regulación referente a los biopolímeros va a permitir el control de un problema que impacta a hombres y mujeres en Colombia y que se había convertido en un problema de salud pública”.
El retiro quirúrgico de estas sustancias es altamente complejo y requiere equipos médicos especializados, dado que los biopolímeros tienden a diseminarse entre los tejidos, dificultando su extracción total. Según el Centro Europeo de Medicina Estética, “algunas de las problemáticas más comunes son: dolor crónico, necrosis, infección, cicatrices, desfiguración y bultos”.
La complejidad de los tratamientos para remover materiales no aprobados no solo implica altos costos económicos y emocionales, sino que también representa una carga significativa para los sistemas de salud pública. Los pacientes que se someten a procedimientos estéticos ilegales suelen requerir hospitalización, tratamiento antibiótico prolongado y, en muchos casos, cirugías reconstructivas posteriores.
La prevención sigue siendo la herramienta más eficaz frente a este problema. Educar a la población sobre los riesgos asociados al uso de sustancias no aprobadas y promover la cultura del autocuidado resulta fundamental. Las autoridades de salud, los gremios médicos y los medios de comunicación tienen un papel crucial en la difusión de mensajes claros que desincentiven la práctica de procedimientos clandestinos. Asimismo, es necesario fortalecer los controles para evitar la comercialización y aplicación de materiales prohibidos, ya que detrás de cada caso de complicación suelen haber redes informales que se lucran con la salud ajena.
En conclusión, los tratamientos estéticos pueden ofrecer resultados satisfactorios y seguros, siempre que se realicen bajo supervisión médica y con materiales aprobados. El deseo de mejorar la apariencia nunca debe anteponerse a la salud. Acudir a profesionales certificados y verificar la procedencia de los productos son pasos esenciales para proteger el bienestar físico y emocional.
En la era de la estética rápida y las redes sociales, la verdadera transformación comienza con la seguridad y la información.