La Inoculación contra la Viruela, Tunja, 1782.

Abel Fernando Martínez Martín | 22/04/2018 - 16:01 | Compartir:

La Inoculación es una práctica de origen asiático que se introduce en la Europa ilustrada a principios del siglo XVIII. La polémica sobre la utilidad de la inoculación en la lucha contra la viruela se arma a mitad del ilustrado siglo. El Protomedicato y la Real Academia de Medicina española, al principio se oponen a la práctica de introducir en un enfermo sano la viruela benigna de un paciente, todo esto antes de la aparición de la vacuna de Jenner, pero la práctica, dados sus buenos resultados, poco a poco se impuso, hasta que llegó la vacuna del inglés Edward Jenner y desplazó por completo a la inoculación.

José Celestino Mutis, oleo de 1801, atribuido al pintor santafereño Pablo Antonio García del Campo
José Celestino Mutis, oleo de 1801, atribuido al pintor santafereño Pablo Antonio García del Campo.

En el Nuevo Reino de Granada, no abundan las referencias con anterioridad a la epidemia de viruela de 1782. El médico ilustrado José Celestino Mutis apoya decididamente la práctica de la inoculación. En las Instrucciones sobre las precauciones que deben observarse en la práctica de la inoculación de la viruelas, formada de orden del superior Gobierno (1782), afirma que, "desearía que se hiciese universal su práctica por todo este Nuevo Reino", con el fin de evitar la alta mortalidad y la subsecuente despoblación causada por las constantes epidemias de viruela, "hallándose ya tan comprobados los felicísimos efectos de esta saludable práctica en esta capital, en la ciudad de Tunja y en Oiba", afirma Mutis, en 1782, divulgando los ideales ilustrados. 

En un borrador del informe que hace al ministro de Estado José de Gálvez, en el año 1783, afirma Mutis que, en el hospital de San Juan de Dios de la ciudad de Tunja, según informe que hace el propio corregidor de la ciudad, fueron inoculadas más de 1.200 personas, del total de las 2.000 personas, que fueron inoculadas en toda la ciudad: "se ofrecían a ser inoculados diariamente hasta trescientos, solo se desgraciaron otros cinco", escribe Mutis. En 1796, sostiene el médico sacerdote gaditano que, "de mil enfermos de que a lo menos morían ciento en las viruelas naturales, apenas se desgraciaban dos en las inoculadas", procedimiento que se viene utilizando por casi 80 años en Europa, que "facilitará el aumento de la población", uno de los principales objetivos de los ilustrados para propagar la inoculación y luego la vacuna. Continúa José Celestino Mutis: "Todos los demás inoculados salieron felizmente… constan los lamentables destrozos que iba produciendo la epidemia en los que dejaron de inocularse en aquella ciudad y en los pueblos inmediatos". Agrega Mutis que los indios de las inmediaciones no se aprovechaban, sino que "resistían abiertamente la inoculación”.

Tunja era reconocida elogiosamente por las autoridades virreinales, como "solar antiguo de la Inoculación". La vacuna de Jenner solo llegará a Tunja hasta 1805, cuando llega, como parte de las Reformas Borbónicas, la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, campaña de salud pública de la monarquía ilustrada que llevó la vacuna por todo el continente americano y las Filipinas.

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Abel Fernando Martínez Martín
MD, Mgs y Doctor en Historia. Profesor asociado de la Escuela de Medicina de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC) y director del Grupo de investigación 'Historia de la Salud en Boyacá' de la UPTC.