La Botica y el Laboratorio Román de Cartagena

Abel Fernando Martínez Martín | 08/11/2021 - 12:37 | Compartir:

Manuel Román y Picón, farmaceuta formado en París, considerado como precursor de la industria farmacéutica colombiana, nació en Moguer, en la provincia andaluza de Huelva, en España, en 1804. Estaba muy interesado, desde su formación universitaria en Francia, en la depuración de la quina; tanto así que, ya radicado en España, decidió viajar a Cartagena de Indias en busca de la legendaria corteza americana, que se usaba para el tratamiento de las fiebres tropicales. Cuando viajaba de regreso a España con la quina que había obtenido, el viejo bergantín México, que llevaba bandera inglesa, en el que viajaba de regreso, naufragó cerca de Galerazamba, perdiendo en el accidente su título de farmaceuta, su quina y todas sus pertenencias. Manuel Román, con 30 años, logró llegar a salvo a Cartagena, el 24 de marzo de 1834. 

La Botica y el Laboratorio Román de Cartagena
El farmaceuta nacido en Moguer, España, Manuel Román y Picón y su hijo, Henrique Román del Castillo. El padre manejaba la Farmacia Román y el hijo modernizó los Laboratorios Román. Henrique Luis, hermano de Soledad Román, era cuñado del presidente Rafael Núñez y se desempeñó cuatro veces como gobernador de Bolívar entre los años 1887 y 1922; fundó la Escuela de Bellas Artes de Cartagena. Foto de 1910 del Repositorio Universidad Tecnológica de Bolívar. A la Derecha, foto del interior de la Farmacia Román con sus propietarios, la mesa de mármol chapada y rejillas de cristal, básculas, viejo reloj colonial y dos redomas de anilina llenas de luz y color.​​​​​

Obligado a quedarse en Cartagena por haber perdido todo en el naufragio, en solo unos meses se enamoró y se casó con Rafaela Polanco, a mediados del año. Al año siguiente, adquirió la vieja botica de la calle de los Lozanos en la ciudad amurallada y estableció allí la legendaria Botica Román, que se volvió un sitio de tertulia en el centro de la ciudad. El laboratorio farmacéutico, que por mucho tiempo funcionó en el interior de la botica, se independizaría a finales del siglo XIX para convertirse en el también legendario Laboratorio Román de Cartagena.

El farmaceuta andaluz Manuel Román aprovechó el bajo costo y el valor curativo de las plantas medicinales americanas como la quina, la zarzaparrilla, la ipecacuana, el bálsamo de Tolú, la jalapa o la cáscara sagrada, para fabricar medicamentos de origen vegetal destinados a resolver los problemas de salud de los habitantes de Cartagena y de los municipios vecinos, mezclando la medicina tradicional y la moderna química farmacéutica. La noticia de que había una botica en la ciudad puerto, cuyos ungüentos, jarabes, emplastos, bálsamos y elíxires estaban al servicio de los más menesterosos se difundió rápidamente. Manuel Román importó libros, instrumentos, materiales de laboratorio y sustancias químicas, que rápidamente lo ubicaron en mejor posición que los demás boticarios. Román aseguró rápidamente el control del mercado de medicamentos en la región. 

El primer producto farmacéutico producido en Cartagena al interior del laboratorio Román fue el Depurativo compuesto de Manuel Román, usando la conocida zarzaparrilla, con bi-yoduro de mercurio y yoduro de potasio, recomendado por el farmaceuta como medicamento antisifilítico, en una época que no existía la penicilina. También elaboró el Elíxir antiasmático Román a base de poli-yoduros, a los que añadió extractos de plantas con reconocidas propiedades balsámicas y sedantes, y las píldoras para la curación del pujo y la disentería, a base de la raíz de la ipecacuana. A mediados del siglo comenzó a importar medicamentos de laboratorios extranjeros como las píldoras Fulton.

Propaganda de la Curarina de Juan Salas Nieto
Propaganda de la Curarina de Juan Salas Nieto, de 1920, promovida por Henrique Luis Román del Castillo y el Laboratorio Román como un poderoso contraveneno.

Henrique Román, uno de los hijos de Manuel Román, asumiría, con su llegada a la dirección del laboratorio, el proceso de modernización de este establecimiento. En julio de 1874, su hijo, Henrique Luis Román, heredó la botica y el laboratorio y su hija, Soledad Román, heredó la conocida casa de El Cabrero. Henrique y Soledad atendían a los clientes en la botica.

Henrique Román transformó la botica, creó el laboratorio con el fin de separar el lugar de producción de los medicamentos del destinado al almacenamiento y venta al público. Al nuevo laboratorio cartagenero llegaron las máquinas importadas para la producción de medicamentos y el personal calificado, especialmente químicos, traídos de Europa. La difusión de los productos se hizo por medio de la Revista de la Farmacia Román

Sobra decir que el proceso de modernización e industrialización de la farmacia y el Laboratorio Román de Cartagena fueron apoyados por Rafael Núñez, vinculado afectiva, política y económicamente a la familia Román. La Curarina de Salas Nieto fue lanzada al mercado por los laboratorios Román de Henrique Luis, como un poderoso contraveneno para combatir las mordeduras de todo tipo de animales ponzoñosos, como serpientes, arañas y escorpiones.

En 1889 los laboratorios Román obtienen una medalla de oro en la exposición nacional realizada en Cartagena, demostrando su importancia dentro del contexto nacional. A finales del siglo XIX, su producto estrella, la curarina Román, fue exportada a países de Centroamérica, entre los que figuraban Panamá y Guatemala, así mismo se enviaba el medicamento colombiano a los Estados Unidos de América, a Francia y a la vecina Venezuela. La popular bebida de la costa, la Kola Román, también es producto de esta emprendedora familia.

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Abel Fernando Martínez Martín

Doctor en Medicina y Cirugía, Magister y Doctor en Historia.
Grupo de investigación Historia de la Salud en Boyacá- Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC).

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