Ambroise Paré y las heridas por arma de fuego 

Abel Fernando Martínez Martín | 25/03/2018 - 16:56 | Compartir:

Considerado precursor de la cirugía moderna, el francés Ambroise Paré (1510-1592), de origen humilde, a los 17 años es admitido en el Hôtel Dieu, el más importante hospital parisino del Renacimiento, como interno de un cirujano-barbero. En 1536, el año en que Jiménez de Quesada remonta el río Magdalena desde Santa Marta, el rey de Francia, Francisco I, "envió un grande ejército a Turín para recobrar las ciudades y castillos" que había tomado el emperador Carlos V, narra Ambroise Paré, recién formado, quien servía de cirujano militar: "hallamos que el enemigo obstruía el camino y había construido baluartes y trincheras, de suerte que para desalojarlo y hacerlo ceder el sitio (…) resultaron muchos muertos y heridos (…) Entramos en tropel en la ciudad y pasamos por encima de los cuerpos muertos y de algunos que no lo estaban, oyéndolos clamar bajo las pezuñas de nuestros caballos (...) Entré en un establo en busca de alojamiento (…) y me encontré con cuatro soldados muertos y tres que estaban arrimados a la pared, con el rostro completamente desfigurado; y no veían, ni oían, ni hablaban; y todavía les llameaban los vestidos por la pólvora que los había quemado (…) llegó un soldado viejo, el cual me preguntó si había modo de curarlos. Respondile que no. Al punto se acercó a ellos y los degolló de buen talante y sin enojo. Viendo yo esta gran crueldad, le dije que era un mal hombre. Me replicó que rogaba a Dios que, de hallarse él en tal coyuntura, pudiese dar con alguien que hiciere por él otro tanto, para no tener que agonizar míseramente".

Ambroise Paré y las heridas por arma de fuego 
Estatua de Ambroise Paré de David d'Angers y diseños de prótesis ortopédicas para piernas y mano mecánica, que aparecen en la obra del cirujano francés.

"En el castillo de Villaine, había unos doscientos españoles que hicieron cuanto pudieron por defenderse y mataron e hirieron a muchos de nuestros soldados, con alabardas, arcabuces y piedras, por donde a los cirujanos se les deparó abundante faena. Era yo en aquel entonces soldado bisoño, y no había visto aún heridas de bala en la primera cura. Había leído (…) que las heridas hechas por armas de fuego tienen venenosidad, a causa de la pólvora, y para la cura de ellas manda que se cautericen con aceite de saúco hirviendo, en el cual se mezcla un poco de triaca. Y, a fin de no errar, antes de usar el sobredicho aceite, sabiendo que tal cosa daría gran dolor al paciente, quise enterarme primero de cómo lo hacían los demás cirujanos en la primera cura; la cual consiste en aplicar el sobredicho aceite lo más caliente posible dentro de la herida, con sedales y lechinos, y viéndolo me animé a hacer como ellos. AI cabo me faltó aceite y me vi obligado a aplicar un emplasto hecho con yema de huevo, aceite de rosas y trementina." 

"Aquella noche no pude dormir con sosiego, temiendo que, por falta de cicatrización, hallaría muertos o emponzoñados a los heridos a quienes había dejado de ponerles el aceite; lo cual hizo que me levantase muy temprano para visitarlos; y he aquí que, al contrario de lo que prevenía, me hallé con que aquellos a los cuales había aplicado el emplasto sentían poco dolor, tenían las heridas sin inflamación ni hinchazón, y habían descansado bastante bien durante la noche; y con que los otros, a quienes había aplicado el aceite hirviendo, tenían calentura, mucho dolor e hinchadas las heridas. Entonces me determiné de no volver a quemar nunca con tanta crueldad a los pobres heridos de bala. He aquí cómo aprendí, y no en los libros, a curar las heridas hechas por armas de fuego".

Como no era un cirujano latinista, quienes conformaban la clase superior de los cirujanos, sino un artesano, un cirujano barbero, Paré no conocía el latín ni el griego y utilizó el francés para escribir su obra lo que permitió una amplia difusión de sus tratados. En 1545, publicó Método de tratar las heridas causadas por arcabuces y otros bastones de fuego, que fue traducido a varios idiomas. Ambroise Paré defendía, como Hipócrates, la fuerza sanadora de la naturaleza, lo que expresaba con su famosa frase: "Yo lo vendé, Dios lo curó".  En 1561, la Hermandad de San Cosme, que agrupaba a los cirujanos latinistas, recibió a Paré, que tenía 74 años, y le otorgó el grado de Maestro en Cirugía. La Escuela de medicina de la Universidad de París, le concedió, en 1584, el título de Doctor en Medicina. El humilde Paré terminó convertido en el cirujano de los reyes de Francia. 

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Abel Fernando Martínez Martín
MD, Mgs y Doctor en Historia. Profesor asociado de la Escuela de Medicina de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC) y director del Grupo de investigación 'Historia de la Salud en Boyacá' de la UPTC.