Los trabajadores de salud en medio de la guerra

Lidia Utria Marengo | 13/04/2020 - 12:54 | Compartir:

Nosotros, los profesionales de la salud, hacemos un sagrado juramento para salvar vidas, pero nadie jura para salvar las nuestras, más aún cuando se ejerce la profesión en medio de una guerra inmisericorde, somos y seguimos siendo los profesionales con mayor exposición al riesgo entre muchas otras actividades, con la única arma de la vocación de servicio y unas cuantas gasas y medicamentos para paliar el dolor y aplicar nuestro íntegro servicio. El peligro no duerme y vive en forma cotidiana por el enfrentamiento entre grupos al margen de la ley, ejército, policía. Son indescriptibles las innumerables historias por las que atraviesan estos infatigables héroes anónimos y silenciosos de una, entre tantas, actividades peligrosas existentes en Colombia.

Médicos, enfermeras, bacteriólogos, odontólogos, auxiliares de enfermería y todos quienes estamos involucrados nos encontramos en la retaguardia obligatoria por el fuego cruzado para salvar vidas y atenuar los residuos de la guerra. Las estadísticas tienden a ser injustas con nuestra misión. Se cuentan las muertes de parte y parte y, por supuesto, de los heridos en combates o emboscadas, pero jamás informan acerca de las invaluables vidas salvadas y rescatadas del filo de la muerte, gracias al incesante ejercicio de nuestra actividad, haciendo curaciones, reanimaciones, atención a la morbilidad en medio del combate. Todas ellas con el sello de urgentes.

Más peligrosa nuestra actividad y, peor aún, si alguna de las partes en contienda llega a saber que hemos atendido o salvado, dando primeros auxilios, a un miembro del bando contrario, quedando marcada su seguridad personal, con un alto riesgo de ser acusados de ser auxiliares del enemigo y en consecuencia con un INRI en la frente. Una disyuntiva que obliga a pensar en si salvar al paciente o la propia vida. Amenazas como prender fuego a las ambulancias, impidiendo así el traslado de los heridos a hospitales de mayor complejidad en atención que, por lo general, se encuentran ubicados a muchos kilómetros desde donde se aplica la atención básica al combatiente.

Es desconcertante el sentimiento de abandono y desprotección que se apodera de todo el personal de la salud al percibir que la Administración central, la departamental, la municipal hacen poco o casi nada por nosotros. Están más pendientes de las estadísticas y de salvar su propio pellejo y el de sus allegados que de quienes por razones estructurales llegamos desde otras latitudes y, por tanto, somos extraños y foráneos en tierras donde la desconfianza es el puente movedizo de toda comunicación y relación con los habitantes donde, por causas de la atención de la guerra, todos somos sospechosos o pertenecientes o simpatizantes con uno de los ejércitos en contienda. No obstante, el juramento del cual somos sus guardianes y defensores más rigurosos constituye en salvaguardar la vida de cualquier ser humano, independientemente de su color, raza, religión e ideología; lo hacemos con el desinterés y honor de ejercer este apostolado, es un compromiso de vida, no obstante, el abandono y el ostracismo al que nos han sometido los políticos de turno.

A pesar del desengaño, que aún existe en los trabajadores de la salud por el trato desobligante recibido por parte de las personas del común y de la clase política, en medio del conflicto armado tenemos encendida la llama de la esperanza, que nunca se apagará, porque, a pesar de todas las vicisitudes de nuestra profesión, por encima de todo está el honor de nuestra silenciosa actividad y que es fundamento de nuestro indeclinable juramento.

Es descorazonador saber que quienes salvamos vidas, permitiendo que otros corazones sigan latiendo, no logramos tocar el corazón del Estado para que haga circular una nueva sangre y un mínimo respeto y bienestar para los profesionales de la salud que llevan alegrías y vida a distanciadas y abandonadas regiones de Colombia.

Hago un llamado a todos los profesionales de la salud para exigir al Gobierno un mejor trato y compromiso con nosotros. 

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Lidia Utria Marengo

Enfermera jefe egresada de la Universidad Metropolitana de Barranquila, con especialización en Gerencia de la Calidad y Auditoria en Salud de la Universidad Cooperativa de Colombia, sede Popayán. Ha sido gerente del Hospital Sagrado Corazón de Jesús, del Charco, Nariño; del Hospital de Guachucal, también en Nariño; y de la IPS Madre Teresa.