Leyenda griega sobre el prolongamiento de la vejez

Abel Fernando Martínez Martín | 03/12/2017 - 14:57 | Compartir:
Eos, la divina Aurora, la olímpica hermana del Sol y de la Luna
Jarrón de cerámica griega, con representación de la diosa Aurora y el mortal Titono. Museo del Louvre (París).

Eos, la divina Aurora, era la olímpica hermana del Sol y de la Luna, la madre de los Astros y los Vientos. Aurora es la diosa que en la mitología griega abre las puertas del Cielo para que pase el carro del Sol iluminando el nuevo día, trayendo a los hombres la brisa matinal y el rocío de los campos, despertando a las criaturas y guardando los trabajos de los hombres.

Eos, Aurora, es condenada a una vida llena de amores: La diosa se enamoró de Marte, y la celosa Venus, en venganza por su atrevimiento, la convirtió en una persona inquieta, que solo permanecía con sus amantes mientras a éstos les duraba la juventud, para luego abandonarlos sin tener ninguna consideración. Un mitológico día, la diosa Aurora se enamoró del mortal y muy bello Titono, hermano de Ganímedes y de Príamo, el legendario rey de Troya. La enamorada diosa Eos lo rapta y se lo lleva hasta la lejana Etiopía para que nadie se lo arrebate y le pide al olímpico Zeus, que le conceda a su amado Titono la vida perenne, pero, víctima de su impaciencia, se le olvida pedir para su bello amado el don de la eterna juventud.

Titono, humano como todos nosotros, envejece día tras día, lo que se le convierte en un verdadero problema porque además de ser viejo ahora era inmortal. Con el paso del tiempo, Titono se aquieta, se arruga, se encorva, se seca, se encoge y termina encerrándose en un canasto de mimbre, como un muerto en vida en su perpetua, dolorosa y desesperanzadora longevidad; apático, cansado y agotado el mortal Titono, le pide al olímpico Zeus, la misma divinidad que le concedió el envidiable don de la inmortalidad, tan anhelado por todos los seres humanos, que se apiade de él y que le conceda la muerte.

Según la leyenda Eos, Aurora, por piedad lo termina convirtiendo en una cigarra, otras versiones dicen que lo transformó en un grillo poniendo así fin a su humano e inmortal sufrimiento. Dice la leyenda griega, que desde ese momento la diosa Aurora llora cada mañana y sus lágrimas son el rocío matutino. No tiene ningún sentido prolongar la vejez, ya lo sabían, hace miles de años, los griegos.

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Abel Fernando Martínez Martín
MD, Mgs y Doctor en Historia. Profesor asociado de la Escuela de Medicina de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC) y director del Grupo de investigación 'Historia de la Salud en Boyacá' de la UPTC.