Entre la medicina y la poesía

Abel Fernando Martínez Martín | 26/06/2017 - 04:24 | Compartir:
Cuando Juan Evangelista Manrique atendió a José asunción Silva
José Asunción Silva
Juan Evangelista Manrique

José Asunción Silva acudió a la consulta del doctor Juan Evangelista Manrique, precursor de la cirugía en Colombia, quien le formuló al poeta Genciana, Colombo e Ipeca, Cloroformo, obleas con Salol y Belladona. Manrique, durante la consulta le dibujó, con un lápiz dermográfico, el lugar donde se encontraba el corazón al poeta Silva, abatido por las deudas y la muerte de su hermana: “me propuse examinar a mi amigo, -escribe Manrique- cuando me preguntó si era cierto que la percusión permitía establecer, con cierta precisión, la forma y las dimensiones del corazón (…) con un lápiz dermográfico tracé sobre el pecho del poeta toda la zona mate de la región precordial (…) Abrió entonces fuertemente los ojos y me preguntó en dónde quedaba la punta del corazón. Aquí, le dije, trazándole en el sitio una cruz con el lápiz”. Trece días después, en la mañana del domingo 24 de mayo de 1896, cuando la negra Mercedes fue a llevarle un tinto, encontró a José Asunción Silva muerto en su cama, abrazado a un revólver, con la cara sonriente y una herida en la punta del corazón que le había marcado el doctor Manrique y, en la cabecera, la novela de D'Annunzio, El Triunfo de la Muerte.

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Abel Fernando Martínez Martín
MD, Mgs y Doctor en Historia. Profesor asociado de la Escuela de Medicina de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC) y director del Grupo de investigación 'Historia de la Salud en Boyacá' de la UPTC.